157. Un nombre en disputa
Las dos semanas pasaron más despacio que cualquier otra que Emma hubiera vivido.
Cada mañana comenzaba con oraciones que nunca pronunciaba en voz alta.
Cada noche terminaba con la mano de James reposando sobre su abdomen, como si quisiera asegurarse de que esa pequeña vida seguía allí.
Llegó la siguiente cita.
Y esta vez, cuando la habitación volvió a oscurecerse y el monitor cobró vida, Emma no apartó la mirada.
La doctora sonrió antes de decir nada.
—Ahí está.
Su voz era suave, pero segura.
E