Mundo ficciónIniciar sesiónUna deuda de sangre obliga a Elena a entregarse al hombre más temido de la ciudad. Varkas, un gigante de mirada gélida y corazón de hierro, no busca amor, sino posesión absoluta. En un mundo de sombras y reglas implacables, ambos descubrirán que el deseo puede ser la cadena más peligrosa de todas.
Leer másCuando la tienda quedó en silencio, solo iluminada por las luces de la calle que se filtraban por los cristales rotos, Varkas se dejó caer contra el mostrador de madera. Se veía agotado, la máscara de invulnerabilidad finalmente agrietada por la traición de la familia que una vez consideró suya. Elena se acercó a él. Ya no sentía el miedo paralizante del primer capítulo. El rastreador en su nuca seguía ahí, recordándole que le pertenecía, pero ahora sabía que esa pertenencia era bidireccional. —Has perdido tu venganza —dijo ella suavemente. Varkas la rodeó con sus brazos, hundiendo su rostro en el cuello de ella, justo donde estaba la marca del chip. —No —susurró él, y por primera vez, Elena sintió que el gigante se rendía ante ella—. He perdido una sombra del pasado. Pero te he ganado a ti. Y eso, Elena, es el único legado que me importa ahora. Él la levantó con una facilidad pasmosa y la sentó sobre el mostrador, entre reliquias de oro y plata. En ese momento, en medio de
El muelle sur era un laberinto de contenedores oxidados y grúas que se alzaban como esqueletos contra el cielo negro. Elena caminaba sola por el centro del pasillo principal, con el auricular oculto y el corazón latiendo tan fuerte que temía que alguien más pudiera oírlo. Varkas y sus hombres estaban apostados en las sombras, invisibles, pero ella sentía la presencia del gigante como una presión en su nuca. El rastreador en su cuello era el faro que guiaba la mira de Varkas. —Ya estoy aquí, Julián —dijo Elena por el teléfono, su voz temblando ligeramente, lo justo para sonar como una hermana desesperada. —Bien, hermanita. Solo un poco más —la voz de Julián sonó distorsionada—. Entra en el contenedor 402. Hay alguien que quiere conocerte. Elena entró. La luz parpadeante de una bombilla desnuda reveló a un hombre sentado en una silla de oficina. No era su hermano. Era el enviado del "Viejo León", el anciano que habían visto en la mansión. Detrás de él, dos hombres armados dieron un
Varkas se giró hacia Elena. No había piedad en su rostro, solo una confirmación de lo que siempre había creído: que la lealtad es un mito y el traidor siempre está en casa. —¿Lo sabías? —preguntó él, su voz era un susurro gélido que cortaba más que cualquier cuchillo. —No... yo... él nunca haría algo así —balbuceó Elena, aunque las piezas del rompecabezas empezaban a encajar. Las llamadas perdidas, la desaparición repentina, la apuesta tan conveniente. Varkas caminó hacia ella. Cada paso era una sentencia. Se detuvo a milímetros de su rostro, atrapándola contra el pasamanos de la escalera. —Me salvaste la vida en el muelle, Elena. Quizás porque no sabías que tu propio hermano me quería muerto —dijo él, tomando su mentón con una mano de hierro—. Ahora tengo dos opciones: o te uso como cebo para cazarlo, o te envío con él para que mueran juntos. Elena lo miró a los ojos, y por primera vez, no vio solo al villano de su historia, sino al hombre que había sido traicionado por tod
El día de la entrega llegó con un cielo plomizo. Varkas vestía un traje negro hecho a medida que ocultaba las armas y los tatuajes, pero no su aura de peligro. Elena lo acompañaba, vestida con la elegancia sobria que él le exigía, pero con el corazón martilleando contra sus costillas.Llegaron a un muelle abandonado. El olor a salitre y metal oxidado lo inundaba todo. Frente a ellos, un grupo de hombres armados custodiaba un cargamento de obras de arte robadas.—Mantente cerca de mí —ordenó Varkas, su mano rozando brevemente la espalda de ella en un gesto que era tanto una protección como una advertencia de posesión absoluta.El intercambio fue tenso. En medio de la negociación, uno de los traficantes sacó un arma, sospechando una trampa. El caos estalló en un segundo. Varkas reaccionó con una rapidez aterradora, derribando al hombre mientras cubría el cuerpo de Elena con el suyo.En medio de los gritos y el sonido de los disparos, Elena vio una oportunidad. Una de las cajas de madera
Último capítulo