Mundo ficciónIniciar sesiónElena Rivera es una exitosa restauradora de arte que ha dejado atrás un pasado turbulento. Hace seis años, huyó de una relación que la marcó profundamente, sin imaginar que el hombre que una vez amó se convertiría en uno de los magnates más influyentes del país. Cuando recibe una misteriosa comisión para restaurar una obra privada en un palacio reformado en las afueras de Madrid, descubre que el dueño es nada menos que Alejandro, el mismo hombre al que abandonó sin explicación. Alejandro no la ha perdonado, pero tampoco ha podido olvidarla. ¿Podrán las verdades no dichas, los secretos enterrados y las heridas aún abiertas, encontrar redención? ¿O el orgullo y el dolor serán más fuertes que el amor que una vez compartieron?
Leer másLa lluvia caía con una cadencia pesada sobre los cristales del salón principal. Elena, sentada frente a la chimenea apagada, sostenía una taza de té frío entre las manos. La casa, que hasta hacía poco parecía un refugio, ahora le resultaba extrañamente ajena. Silenciosa. Expectante.Alejandro entró en la estancia con el ceño fruncido. Llevaba el teléfono aún en la mano, los nudillos tensos, los pasos contenidos, como si caminara sobre vidrio roto.-Dime que no es cierto -dijo Elena sin mirarlo. Su voz era suave, pero firme. Como una cuerda tensa a punto de romperse.-No puedo. -Alejandro dejó el móvil sobre la mesa con un golpe sordo. Su mandíbula se movía de lado, como si masticara un enojo que no terminaba de tragar-. Se llama Vera Monclús. Tiene documentos. Fotos. Hasta una carta manuscrita de mi padre... o eso dice.-¿Y tú le cr
El taller de Elena, bañado por la luz dorada del atardecer que entraba en ráfagas a través de los ventanales altos, estaba en un silencio absoluto, excepto por el susurro del pincel contra el lienzo antiguo. Llevaba horas frente al cuadro, pero su mirada se perdía más allá de los trazos agrietados por el tiempo.El retrato, rescatado de una colección privada llegada desde Viena, representaba a una mujer vestida con un delicado vestido de encaje victoriano. Su postura era erguida, su rostro calmado, y, sin embargo... había algo en sus ojos. Algo que le resultaba demasiado familiar.Elena respiró hondo, como si intentara absorber el alma atrapada en aquella imagen.-No puede ser... -susurró, acariciando con la yema de los dedos, una grieta apenas visible en la esquina del marco.La mujer del retrato... se parecía a ella. No era una semejanza casual. No una ilusión. Era como si su ro
La mañana llegó sin piedad. La luz del sol se filtraba por los ventanales de la finca, ajena al torbellino de emociones que habitaba en el interior. Alejandro no había dormido. Las palabras de Lucía, la carta, el nombre de su padre, todo giraba como una espiral venenosa en su mente.Tenía los codos apoyados sobre el escritorio del despacho, con los ojos perdidos en el monitor de su ordenador. Lo que había encontrado era más que un rastro: era un abismo. Archivos antiguos, balances con doble contabilidad, nombres de empresas pantalla. Todos dirigidos a una misma dirección: una cuenta suiza vinculada a Héctor de la Vega. Su padre.-No puede ser...-murmuró, con voz ronca.Una carpeta física reposaba junto a su teclado. Lucía la había traído al amanecer, sin hacer preguntas, pero su expresión delataba que sabía más de lo que dejaba ver. Alejandro la hab&i
El pasado no solo regresa. A veces, nunca se fue del todo.El amanecer había llegado con una quietud extraña, como si el aire mismo supiera que algo estaba por cambiar. Alejandro se despertó antes que Elena, con el corazón latiendo con una tensión difícil de explicar. Soñaba con su infancia más seguido de lo habitual, pero esta vez no era un sueño: había sido una visión, una sensación que lo había obligado a abrir los ojos bruscamente. En su mente, la imagen borrosa de su padre, Mauricio de la Vega, se superponía con la figura de Esteban Calderón, como si siempre hubieran estado conectados, aunque jamás lo había querido aceptar.El silencio era espeso cuando se sentó frente a su escritorio en el despacho. Aún no había salido el sol. Encendió el sistema de seguridad y revisó las grabaciones de la madrugada. Había










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