Mundo ficciónIniciar sesiónEn un verano asfixiante en Greeword, Maya Stone cree llevar una vida tranquila y predecible entre la universidad y el hotel de sus padres, hasta que un huésped irrumpe en su mundo con la fuerza de una tormenta: Ares Bailey, heredero de un imperio empresarial, tan enigmático como peligrosamente atractivo. Lo que comienza como un favor inocente para su mejor amiga se transforma en un encuentro prohibido que despierta en Maya sensaciones que jamás había experimentado, enfrentándola por primera vez a un deseo que no sabe cómo controlar. Ares no es solo un hombre mayor y poderoso; es un depredador paciente que sabe esperar, marcar límites… y romperlos con una sola mirada. Entre miradas cargadas de tensión, secretos compartidos y una atracción que desafía la razón, Maya deberá decidir si está dispuesta a crecer demasiado rápido por un hombre que podría cambiarlo todo, o si el precio de cruzar esa línea será perderse a sí misma. Una historia intensa, adictiva y cargada de deseo contenido, donde el peligro no siempre viene de afuera, sino del fuego que arde por dentro.
Leer másEstaba empezando la primera semana de verano, y el clima ya hacia estragos en la zona, era tan insoportable el calor que apenas podía sobrellevar quedarme dentro de mi propia habitación. Era una locura.
Por ese motivo, en aquel día decidí abandonar la comodidad de mi horno privado y unirme a Alice en la recepción del hotel de mi familia, donde un ventilador sobre el mostrador trabajaba lentamente para aliviar el calor. Dado que los alojamientos tradicionales no eran populares entre los lugareños y el turismo nunca fue una prioridad para Greeword, el flujo de huéspedes era escaso, incluso durante lo que considerábamos como los meses de mayor actividad. Por esa razón, mis padres no vieron ningún problema en permitirme estudiar allí, en la recepción, siempre y cuando no incomodara a los pocos clientes que teníamos.
—¡Uh, quiero hacer este! —anunció Alice, señalándome un nuevo cuestionario en un sitio web en la computadora del hotel—. "¿Qué tipo de chico es el ideal para ti?" —leyó el título y soltó una risita—. El chico ideal para mí es el nuevo huésped.
—Pensé que estabas saliendo con el chico que vende patas de pollo —dije, echando un vistazo alrededor antes de volver a juguetear con mi celular. Esta era la verdad. Ella simulaba trabajar, yo simulaba estudiar.
Mientras Alice utilizaba la computadora del servicio para realizar pruebas en línea, yo ocupaba el incómodo banco de la recepción, con un libro abierto sobre el mostrador, aparentando que estaba aprendiendo algo cuando, en realidad, estaba navegando por F******k en el teléfono.
—Mira, estoy saliendo, pero solo porque no puedo salir con Ares Bailey, ¿ok? —respondió, de manera sencilla.
—No sé quién es Ares Bailey, pero espero algún día tener una relación tan intensa y sincera como la tuya con el chico del puesto de comida. —bromeé, y ella se encogió de hombros con cierta despreocupación.
—Por lo menos como patas de pollo gratis. —contestó, demostrando cierta convicción de que la relación valía verdaderamente la pena—. ¡Ahora shh, necesito concentrarme!
La miré por el rabillo del ojo, riendo débilmente. Alice se toma muy en serio estas pruebas.
Así que no me importó interrumpir nuestra conversación improductiva.
—El rendimiento de este módulo es el peor de todos. Aplicar una central de despegue no parece ser la mejor opción. —Escuché a alguien decir mientras intentaba reprimir una risa cuando vi un meme perdido en medio de F******k.
—No, la mejor opción es cambiar el director de esa filial —dijo otra persona.
—Eres muy radical, Patrick. —El hombre de la primera voz refutó y noté, aun con la cabeza agachada, los pies de dos sujetos cruzando la recepción del hotel—. Oh, buenas tardes —dijo, y escuché a Alice responder tímidamente, lo cual es extraño porque nunca se pone tímida.
Curiosa, levanté la mirada para ver de quienes se trataban, pero lo hice demasiado tarde cuando los dos hombres ya habían cruzado el pasillo que los llevaba a las habitaciones de invitados.
Al sentir un codazo en mis costillas, miré asustada hacia un lado y vi a Alice gruñir de una manera muy extraña.
—¡Es él! ¡El huésped del que hablé, Ares! —Contuvo los gritos en un susurro.
—¿Cuál de ellos? No se ven de nuestra edad. ¿Cuántos años tienen? —pregunté, girando mi rostro para analizar las espaldas de los hombres antes de que desaparecieran de mi vista, pero no hizo mucha diferencia porque no vi mucho sobre ninguno de ellos.
—El más bajo. El otro es un tal Patrick y ya rompió un frigobar, solo Jesús sabe cómo. —Respondió, todavía eufórica—. Además, ¿la edad que importa? ¡Ah, quiero que ese hombre me haga su esposa y darle muchos hijos!
—Santa madre de dios, Alice, no creí que te gustaran los mayores. Esos bebés saldrán de ti como si se resbalaran en un tobogán de agua. —Rezongué, aterrorizada ante la imagen de una persona tan desnaturalizada considerando la posibilidad de ser madre.
Apoyó el codo sobre la encimera y luego la barbilla sobre su mano, suspirando.
—¿Viste esas piernas? ¿Cómo puede un hombre verse tan sexy con ropa social?
Me forcé a dedicarle una sonrisa y le di unas cuantas palmaditas comprensivas en la espalda.
—Probablemente no conseguirás nada con él, hombres de su edad no se fijan en chicas como nosotras, pero no te desanimes, al menos puedes seguir comiendo patas de pollo gratis, ¿verdad?
Alice me dio una mirada poseída, arreglando su postura a una menos apasionada y más agresiva.
—¿Qué tal si le das un poco de apoyo a tu amiga, ¿eh? Maya.
Levanté las manos en un gesto de rendición, riendo.
—Si pudiera sabes que te ayudaría, pero no creo que pueda…
Respiró pesadamente, pareciendo estar de acuerdo, pero luego abrió mucho los ojos y se volvió hacia mí con una expresión espantosa.
—¡Pero puedes!
Sonreí falsamente, un poco asustada también.
—Ok, primero deja de poner esa cara, ¿de acuerdo? Te ves como un villano pensando en su plan malévolo y eso es extraño.
Alice me dio un golpe en la frente.
—¡Oye Maya, no seas mala conmigo!
Rezongué bajito, pasando mi mano por el lugar adolorido. Realmente la loca parecía un experimento defectuoso del profesor chiflado.
—Ahora escúchame. —Alice se acercó a mí y bajó la voz como si estuviera contando un secreto de la CIA—. Voy a escribir una nota y se la vas a entregar, ¿entendido?
Entrecerré los ojos con sospecha.
—¿Por qué no lo entregas tu misma?
—Porque soy tímida. —Respondió, cínica—. También porque tus padres me despedirían si ven que su empleada le gusta coquetear con los huéspedes.
La última justificación parecía más aceptable.
—¿Qué obtengo con eso?
Pareció pensativa, se mordió la lengua, se golpeó la barbilla con su dedo y finalmente pareció llegar una respuesta.
—¡Te traigo patas de pollo gratis por una semana!
—Nadie soportaría comer tantas patas de pollo así.
Ella resopló, decepcionada.
—Te ayudo con tus tareas.
—Eres tan tonta como yo. —Refunfuñé aburrida—. Es lo mismo que pedirle ayuda a un gorila.
Alice chilló, frustrada.
—¡Entonces pide lo que quieras, demonios!
Esta vez, fui yo quien quedó pensativa. ¿Qué podría ofrecerme Alice a cambio de un favor? Me sonrojé ante la única posibilidad que cruzó por mi mente, y ella sonrió cuando vio que, después de todo, había algo que podía pedir.
—¿Qué es? —preguntó, y negué con la cabeza porque era demasiado vergonzoso, pero Alice era insistente—. No te avergüences, dime lo que quieres, Maya, dilo.
Bajé un poco la cara y me rasqué la nuca, revelando mi pedido a la velocidad de una ametralladora, pero mucho más bajo.
—Quiero dar mi primer beso —dije muy bajo.
Frunció el ceño, confundida.
—¿Cómo?
Respiré hondo, obligándome a no sentirme tan avergonzada por un asunto tan tonto. Pero no funcionó.
—Quiero dar mi primer beso… —Revelé, de una manera más lenta y comprensible, pero lo lamenté en cuanto abrió los ojos, asustada.
—¿Tú nunca…? —Se detuvo, sorprendida—. Wow. A los doce años faltaba a las clases para besuquearme detrás de los baños con los chicos mayores de la escuela. Qué ejemplo eres May. Tienes 19 años y, ¿no has dado tu primer beso?
Me encogí un poco más. ¿Por qué era tan vergonzoso?
—Está bien, haré eso por ti, no es para tanto —dijo de nuevo, y noté que se obligaba a no soltar más comentarios sobre mi castidad labial—. ¿Tienes a alguien en mente?
Negué, porque no tenía. Nunca en mi vida sentí atracción o ganas de besar a un chico y ya estaba empezando a creer que algo andaba mal conmigo, pero tenía curiosidad por saber cómo sería.
Tal vez me guste la sensación y entonces finalmente comenzaré a notar más a los chicos.
—Ok, eso lo complica un poco, pero aún puedo arreglarlo. Tengo unos primos más jóvenes que besan cualquier agujero en la pared, así que besarte no será un problema para ellos —dijo Alice, no exactamente tranquilizándome, y extendió la mano—. ¿Tenemos un trato?
Miré su mano extendida por un tiempo, antes de finalmente sellar nuestro vergonzoso trato. Esa noche, iría hasta la habitación de Ares Bailey.
Como esperaba, la arcada regresó cuando se hundió más en mi boca y jadeé de nuevo, pero todavía sin querer detenerme.Una lágrima corrió por la esquina de mi ojo izquierdo y se deslizó hasta mi oreja cuando él finalmente comenzó a moverse, follando lentamente mi boca y aumentando la acumulación de saliva mezclada con el presemen liberado por su pene completamente duro.Se apoyó con una mano en el apoya brazos del sofá y continuó estocando, entrando y saliendo mientras yo usaba mi lengua para masajearlo y chuparlo, formando un hueco suave a cada lado de mis mejillas.Ares cerró los ojos, gimiendo bajo, y los volvió a abrir un rato después para enfocarlos en los míos, llenos de lágrimas y atentos a todas sus reacciones. Cuando gimió más fuerte, entonces, supe que estaba cerca y me esforcé por chupar aún más placenteramente, aunque mi boca ya estaba cansada, enterrando mis dedos en sus muslos con aún más fuerza para tratar de aliviar la sensación desesperada y al mismo tiempo deliciosa d
La sensación de disgusto frente a mi propio físico revolvió mi estómago y me abofeteé dos veces cuando mi mente comenzó a revivir la imagen de Helena y toda su belleza.Afectada por eso, dejé de usar la camisa de Ares y fui hasta mi propia maleta, donde agarré un pantalón de tela y una blusa de manga larga para cubrir todo mi cuerpo.Solo después de que terminé de prepararme me dirigí a la sala de estar, donde Ares estaba sentado en el sofá de manera relajada, mirando la pantalla del televisor apagada, creo que sin saber realmente qué hacer con su tiempo libre, ya que tenía prohibido trabajar por hoy.Cuando me acerqué y él me notó, sus ojos inmediatamente se entrecerraron en confusión.—¿Vas a dormir así? —Preguntó, refiriéndose a mi ropa. —¿Por qué no usaste mi camisa?—Hace un poco de frío… —Mentí, sentándome a su lado y colocando una almohada en mi regazo.—Sólo me hubieras pedido que ajustara la calefacción, ángel.—No es necesario. —Dije en voz baja, cambiando de tema. —Todavía
—Él nunca llevaba trabajo a casa y eran pocas las veces que necesitaba quedarse en la oficina hasta tarde. —Confesó, hablando en voz baja. —Él también siempre tuvo tiempo para mí y Oscar… cuando era más joven, siempre reservaba los domingos para quedarse con la familia, sin importar lo que sucediera en GOTMAN.Elegí bien mis siguientes palabras, sin intención de lastimarlo o hacerlo sentir inferior a su padre. —¿Entonces por qué no intentas ver lo que él hacía diferente de lo que tú haces? Si descubres eso y copias sus aciertos, podría ser más fácil para ti también.—La diferencia entre nosotros dos es que yo no tengo la confianza que él tenía, ángel. —dijo luego de un rato más de silencio, y sentí su dificultad para hablar al respecto. —Los accionistas no confían en mí y sé que cualquier error puede sacarme del lugar que ocupo ahora. —Se movió, luciendo un poco incómodo al confesarme estas cosas. —Entonces cuando un informe o proyecto ya revisados llegan a mis manos, todo lo que teng
Asintió, mirando rápidamente la composición del medicamento, y me sorprendí cuando, en lugar de mirar a Ares, me miró a mí.—¿Tienes idea de la causa de la fiebre? ¿Se quejó de dolor de garganta o algo así?Negué, tímida. —Sólo dijo que tenía un pequeño dolor de cabeza antes de irse a dormir, pero… también dijo que tiene fiebre a menudo, así que pensé que era mejor venir al médico…—¿Con cuánta frecuencia? —Repitió Oscar, en desacuerdo. —¿Y solo ahora esta cabeza hueca dice algo?—Probablemente él no hubiera hecho nada si no le hubiera insistido. Ares trabaja hasta el agotamiento, no duerme y se salta un montón de comidas. Así que pensé que podría tener bajas las defensas. —Me encogí al darme cuenta de que yo, una chica completamente común, estaba adelantando un diagnóstico delante de un médico, así que completé, avergonzada: —O algo así…—¿Te estás saltando las comidas, burro? —Amenazó su hermano y vi que Ares volvía a poner los ojos en blanco. —¡Le diré a papá!—No es como si pudier
Ares se rió de mi obvia desesperación y, de hecho, ni siquiera sé si estaba exagerando o no. Su madre es una de las personas de las que menos habla, lo que significa que no ha hablado de ella más de tres veces, así que realmente no sé qué esperar de esa mujer. Sin embargo, solo espero que mi encuentro con ella se posponga el mayor tiempo posible. De preferencia hasta mi muerte.Cuando llegamos a otro piso, me llevó a una de varias oficinas privadas en el hospital, que tenía el nombre Dr. Oscar Bailey indicado en una placa de identificación justo encima del nombre cardiólogo. Justo después de la puerta de vidrio del consultorio privado, vi una sala de espera vacía y climatizada, al lado de una recepción con una sola asistente. La mujer estaba hablando con alguien por teléfono cuando entramos, y no se dio cuenta hasta que terminó la llamada, pero sus ojos se posaron directamente en Ares y movió sus manos torpemente.—S-señor Bailey… —Saludó, demostrando que ya lo conocía y que obviamente
Saber que Ares tenía un pasado con otras personas siempre fue irracionalmente incómodo, aunque en el fondo sabía que no debería pensar demasiado en eso. Él ya era un hombre adulto cuando lo conocí y era natural que ya hubiera estado involucrado con otras mujeres.Con esfuerzo, logré evitar que mis pensamientos viajaran a esa dirección y así me salvé de la mala sensación, pero ahora que me crucé con una parte de su pasado de manera directa y comprobé que ya ha estado en una relación con una persona tan bella y exitosa, era insoportable. Al mismo tiempo, me encontré preguntándome cómo Ares podía funcionar conmigo si no funcionó con alguien al nivel de Helena.—Ares… —Lo llamé cuando erguí la vista de nuevo, dándome cuenta de que me estaba mirando, esperando una reacción. —¿Por qué terminaste con ella?Se movió, quitando el codo de la mesa para recostarse en su silla.—Fue ella quien terminó conmigo, ángel.Realmente creí que no podía empeorar, pero empeoró. Si Ares respondiera a mi preg
Último capítulo