Ya no arde... se anida
La casa respiraba en silencio.
Era una de esas noches en que el tiempo parecía suspendido, como si las paredes supieran que algo importante estaba por suceder y se mantuvieran calladas para no interrumpir.
Alejandro estaba en la cocina. Algo que nunca hacía, pero necesitaba distraerse. Había decidido preparar una cena improvisada con lo poco que encontró: queso, pan artesanal, una botella de vino blanco y, sorprendentemente, un frasco de mermelada casera con la etiqueta apenas legible: "Limón c