Mundo ficciónIniciar sesiónLa mañana llegó sin piedad. La luz del sol se filtraba por los ventanales de la finca, ajena al torbellino de emociones que habitaba en el interior. Alejandro no había dormido. Las palabras de Lucía, la carta, el nombre de su padre, todo giraba como una espiral venenosa en su mente.
Tenía los codos apoyados sobre el escritorio del despacho, con los ojos perdidos en el monitor de su ordenador. Lo que había encontrado era más que un rastro:






