Mundo ficciónIniciar sesiónEl encuentro de Genoveva con Fernando fue fortuito aquella noche, ella escapaba de sus acosadores y él terminaba uno más de sus trabajos, cuando aquella chica de ojos verdes y cuerpo robusto cayó en sus brazos supo al instante que era el sebo perfecto para su fachada, así que sin dudas ni vacilación le pidió matrimonio ese mismo día, aquella proposición era una locura en la cabeza de aquella insegura mujer, pero entonces porque acepto a un hombre que gritaba peligro.
Leer másSolicitud de divorcio
Miré por horas aquel letrero, y no podía tomar la decisión ahora que estaba enfrente; era la misma oficina de matrimonio a la que había acudido en mi boda, una firma al papel y ni una mirada ni palabra de mi marido, y así hasta los dos años de matrimonio que llevamos. Pensé que algún día, con el paso del tiempo y la convivencia, podríamos llegar siquiera a ser amigos, pero fue estúpido imaginar que alguien como él querría una mujer como yo. Sin más pensamientos vacilantes, entré en el recinto; la recepcionista me miró y con una sonrisa indicó.
—Buen día, ¿en qué la puedo ayudar, señorita?
—Hola, buen día… Me llamo Genoveva Romero y quiero solicitar el divorcio.
—¿Romero? H-habla de la familia Romero —la chica tecleó con rapidez y, al ver la foto de mi marido, soltó.
—¿Usted… está segura de empezar un proceso de divorcio? —pase saliva con dificultad.
—Sí, quiero el divorcio.
Unos meses antes.
Aquel día, en la reunión, parecía no encajar… En realidad, nunca encajaba en ningún lugar, pero si no fuera porque mi tía ayudaba a mamá a entrar a estas fiestas sociales para buscarme un marido, sería una mujer común y corriente trabajando en un puesto de fideos que solo cargaba deudas. De lejos vi a George con su grupo de víboras; los conocía desde la escuela y sabía que toparse frente a ellos siempre era un error. Corrí hacia el baño con la respiración acelerada, deseando ser invisible por un segundo. Lancé el agua en mi cara y, al alzar la mirada, el reflejo de mi rostro regordete me desagradó; tomé con rapidez papel y me seque la cara. Tenía que calmarme y volver a esa fiesta, pero hoy más que cualquier día no aguantaba las críticas de las personas, respiré hondo y al salir del baño, George y Ester me esperaban con los brazos cruzados.
—Ya decía yo que apestaba a cerdo revolcando en el lodo, ¿no te parece Ester?
—Si, al parecer, dejan entrar a cualquier animal de corral, ¿Qué haces aquí jabalí? Y vestida como si acabaras de atracar el baúl de tu abuela —pase saliva con dificultad y murmure.
—Solo… me invitaron.
—Mentirosa, tu madre, la mendiga ha tenido que arrodillarse para que le den una invitación, no te cansas de pedir migas todo el tiempo.
—Mi madre no te supone ningún problema a ti Ester… en todo caso la deuda es con tu padre —Me tomo del cuello arrinconándome en la pared.
—Cuando intenta constantemente meterse el moho en mi casa, me molesta verlo y lo erradico. —Quejándome tomé su mano impidiéndole que siguiera apretando mientras George vigilaba que nadie viniera.
—S u e l t a m e…
—Cuantas veces tendré que advertirte que no te quiero ver esparcir tus olores desagradables con ese puesto de fideos en la colonia, ¿o caso la lección que te di el otro día no te quedo claro...? Apestas a grasa de cocina, no soporto ver tu cara gorda —aterrorizada, pateé su pierna provocando que me soltara, tosí con dificultad corriendo lejos de ellos. Podía escuchar sus pasos tras de mí y mis ojos se llenaron de lágrimas.
—¡Maldito cerdo, vuelve aquí! —con la respiración acelerada escuché de fondo un fino sonido de un cañón, de un arma siendo disparado, no estaba loca… era un arma. Detuve mis pasos y al segundo salieron unos hombres en traje negro totalmente pulcro de una habitación, una de ellos llamo mi atención, al limpiarse las manos con un pañuelo.
—¡Deja de evadir tus responsabilidades familiares, y escoge una mujer de una vez!
—Así no funcionan las cosas, padre —saco de su bolsillo un mechero para encender el cigarro que tenía guardada en aquella cajetilla arrugada.
—¡eh, bola grasa, no he terminado de hablar contigo! —escucho que grito George, retome mi camino aterrorizado, pero sin querer choque con aquel hombre, con rapidez me aferro a su cuerpo, al alzar mi mirada sus ojos negros como la noche me observaron mientras con su otra mano apartaba su cigarro de su boca, soltó el humo y con el ceño fruncido pregunto
—¿De dónde saliste? —hipnotizada por aquella peligrosa belleza, indique nerviosa.
—Es que yo solo…. Estaba…
—¿Seduciendo a hombres de una manera vergonzosa, Gipsy…? Respeta lo poco que tienes de dignidad —Salí de mí transé y soltándome del agarre de aquel señor, nerviosa mordí mi labio inferior. Cuando alzo la mirada hacia el hombre, su rostro palideció visualmente.
—¿Conoces… a este hombre?
—Él y yo… somos... —lo miré de reojo, cuando le oí decir con firmeza.
—Sí, estamos comprometidos. —Abrí mis ojos desmesuradamente, tomo mi mano y acerco hacia él.
—¿Qué? No… debes estar bromeando, es una broma, ¿verdad? Dime que no eres tan ridícula para crearte una fantasía en tu cabeza con un Romero. —tapo su boca entre risas con su hermano.
—¡Pues es verdad! Va al restaurante de mi madre a comer después de salir de su trabajo — grité empujada por el dolor que me resultaba sus risas, mis ojos se llenaron de lágrimas.
—Está bien, Gipsy, no te preocupes, soñar despierta es lícito también —dijo dándome algunos palmadita en el hombro mientras me empujaba para qué caminará.
—¿A dónde te llevas a mi prometida? —Ester se paró en seco, giro su mirada y con una sonrisa tensa soltó.
—Pensé que le seguía el juego, señor… yo solo…
—Yo nunca juego —tomo mi brazo con brusquedad jalándome hacia él de nuevo.
—Pero… pero eso no tiene sentido, ¡que no la ha visto! Acaso está intentando volverme loca… —grito iracunda con una sonrisa nerviosa, y con rapidez su hermano puso una mano en su hombro para soltar.
—Él no… esa familia es intocable, Ester… vámonos…
—Pero…
—¡Vámonos! —miro de nuevo al hombre y soltó —Nos disculpamos, señor Romero.
—Sígame la corriente. —soltó de repente tomando mi mano para caminar conmigo.
—¿Q-qué? ¿A-adónde vamos?
—Solo sígueme… —a punto de salir al salón me pare en seco con el corazón latiendo con fuerza.
—¡Nooo! —increpé alejando mi mano de su agarre, se giró hacia mí y con nerviosismo solté con débil voz.
—No sé si esto es una broma… pero por favor le pido que se detenga —me miro con una altivez fría, y una belleza casi imperturbable
—No acaba de escuchar que yo no juego ni bromeo… con nada en general, ¿no dijiste que iba a comer al restaurante de tu madre? Pues bien, seguiré tu mentira con mis propias normas. Quien dice que no puedes ser un buen cebo para mis intereses.
—Cebo… ¿De qué familia es usted? —rio con amargura y mirándome de nuevo soltó.
—¿Quieres saber si tengo muchos millones en la cartera? —negué asustada mirándolo con vergüenza.
—No mientas… todas buscan lo mismo, un marido rico para sacarlas de pobres, y que mejor que un Romero. Aunque mi familia no tiene la mejor fama —cuando me dijo su apellido de nuevo pase saliva con dificultad, de todas las familias a las que mi madre espero aspirar jamás una de las más importantes y ricas.
—Jamás podría pensar que alguien como usted hablaría conmigo, ni siquiera sé qué hago aquí… —murmure con la mirada agazapada. De repente escuche su fuerte risa, alce mi mirada y le vi pasar su mano por su cara casi como si estuviera desesperándose.
—Si no lo sabes, entonces yo te daré una nueva razón de porque estás aquí, cásate conmigo y solucionaré todos tus problemas.
—¡Y-yo…! ¿Casarme con usted? No creo que estemos en la misma línea, ni lo estaremos jamás, busque alguien que llene un poco más sus expectativas —a punto de irme incrédula por la situación, tomo mi mano y soltó.
—Crees que me importa una m****a, las expectativas que tengan de ti, serán las mismas que tenga de una aparecida a la que no conozca. ¿Cuál sería la diferencia entre ella y tú?
—Que al menos ellas son bonitas, ¿Qué cree que le dirán cuando lo vean con… una gorda como yo a su lado? Es simplemente ridículo…—repaso sus ojos en mí por primera vez de pies a cabeza, esbozo una sonrisa que no supe descifrar.
—Ahora tengo ganas de adivinar lo que pasara, casémonos —indico firme mirándome a los ojos.
—Ha probado alguna sustancia… —sin dejarme responder, tomo mi mano saliendo conmigo hacia ese salón lleno de personas. Todas las miradas se dirigieron hacia nosotros, mis pies no parecían querer moverse, entonces aquel hombre se acercó a mi oído y susurro.
—Tú solo mírame a mí —alcé la mirada y entonces fue en aquel momento en que sentí arder, él era llamas… Yo creo que me enamoraré de su expresión altanera y su seguridad desbordante, parecía deslumbrar a cada paso que daba, y vaya si me había deslumbrado, porque no vi la amenaza que era.
Habían pasado dos meses desde el altercado con Bones en el instituto. El edificio había ardido hasta los cimientos, mientras que yo… había caído en un sueño profundo. Cuando desperté, estaba vendada por las quemaduras y los cortes de los cristales que se clavaron en mi piel, y con una pierna llena de hierros.Y, aunque parecía que nada había cambiado, yo… yo ya no me sentía como la Genoveva de antes. Sentía que ya no recordaba ni cómo era antes. Pero lo que sí tenía claro era que algo en mí había muerto. Fue la primera vez que un deseo de matar se despertó en mí, y si la palabra “matar” ya no me asustaba, entonces… me había vuelto mala y despiadada. No pensaba escarbar en ello, pero un peso se había aliviado en mi alma.—Señorita Genoveva, ¿le gustaría que también preparáramos el salón?Dejé el arreglo floral que acomodaba y me giré hacia la chica con seriedad.—No, nos centraremos en el jardín. Quiero que el cumpleaños de Fernando se celebre ahí.—Como usted quiera, señorita Genoveva
Quemando el pasado finalBones me llevó a cada uno de los lugares que una vez se marcaron en mi mente como un rodillo caliente. Si no eran los amigos de Marco burlándose de mí, eran algunas chicas que metían mi cabeza en el váter o me empujaban por las escaleras hasta abrirme una brecha en la cabeza. Bones replicó todas y cada una de aquellas fechorías sin ningún tipo de remordimiento.Ya en el suelo, al pie de las escaleras, le miré con la respiración agitada.—¿Qué pasa…? ¿Ahora has recordado lo que vivimos aquí?Alcé mi mirada hasta él, levantándome del suelo. Solté un suspiro, sacudiendo mis piernas lastimadas, y respondí con indiferencia:—¿Qué quieres conseguir con esto, Bones? ¿Cuál es el objetivo? Si quieres que lo pase mal como en aquella época, lo harás… pero esto no cambiará nada de mí.Me tomó del cabello, arrastrándome con fuerza.—La gente no cambia tan rápido… ¿estás segura de que quieres seguir fingiendo esos aires presuntuosos?Esbocé una sonrisa en silencio, que se
Quemando el pasado parte 2 finalLa lluvia mojaba mi cara mientras los hombres de Bones me empujaban a una nueva ubicación. No era ningún lugar que conociera, pero estaba seguro de que era donde harían el intercambio con Genoveva, por la conversación que había escuchado. Ni siquiera me podía imaginar en qué estaba pensando, pero, fuera lo que fuera, tenía que detener ese cometido. Palpé las bridas que ataban mis manos y me di cuenta de que, con un poco de tiempo, podría soltarlas con la suficiente fuerza.—Este lugar… me trae tantos recuerdos —soltó mientras le seguía. Miré detrás de mí y los dos que me escoltaban no parecían muy ágiles por cómo caminaban; si los sorprendía de repente, podría noquearlos.—Aquí conocí a Genoveva por primera vez, y, por supuesto, tengo que yacer con ella aquí… para que sea especial e inolvidable.Llamó mi atención e indiqué con burla, sin poder guardármelo:—¿Yacer?—Sí… ¿o te crees que tu primera vez con ella, manchando su pureza, será inolvidable? No
Quemando el pasado parte 1 finalParecía que todos se preparaban para una guerra entre llamadas y caos. Mientras tanto, yo lidiaba con mi propia guerra mental, una en la que yo siempre perdía, porque desde hace mucho tiempo realmente pensaba que estaba maldita. No había nada en mi vida que fuera realmente bonito; siempre una sombra lo apagaba.Entonces creo que entendí que mi verdadera guerra no era escapar de mi pasado como una sobreviviente asustada. Si quería resultados diferentes, necesitaba actuar diferente. Me acerqué a uno de los teléfonos y marqué a mi madre.—Buen día, fideos Zuzy Chang, ¿en qué le puedo ayudar?—Hola, mamá… soy yo, Genoveva.—¿Gypsy, cómo estás, cariño?—Perdón por no llamar, he estado viviendo… creo, mi nueva vida.—Claro que lo sé, y me siento muy tranquila al saber que estás con Fernando. Él te cuidará… le importas mucho, hija.—Perdóname, mamá, por ser una carga contigo mientras… mientras pasabas el luto de mi padre y su enfermedad. Ahora de alguna mane
Último capítulo