Capitulo 3

Como una extraña más


—Como puede ser posible eso… ¿La memoria? ¿Qué es lo que ha olvidado…? ¡Especifique bien, doctor, porque no le estoy entendiendo nada, no le pagamos para esto!

—Lesternia, cálmate… —increpo Domino el padre Fernando —Doctor, creo que no nos hemos explicado, queremos que nos diga realmente como está el estado de mi hijo. Y sabe perfectamente lo que significa dudar con nosotros, ¿no es el mejor médico de la ciudad? —el médico pareció palidecer, fueron unas palabras contundentes y filosas. Carraspeo su garganta y el hombre soltó.

—Es muy precipitado hablar del estado hasta que no despierte.

—Pero despertará.

—Tenemos certeza de que hay mucha actividad craneoencefálica, despertara, pero no sabes en qué estado.

—¿Y eso le parece claridad? Está empezando a molestarme sus palabras dubitativas. —increpo, el señor dominó mirándole, el doctor tembloroso increpo.

—Espere, señor… yo solo digo.

—¡Doctor, el paciente ha despertado!

—¡Mi hijo! —increpo Lester corriendo hacia la habitación y con rapidez el doctor soltó.

—Por favor les pido que mantenga la calma y no avasallé al paciente de información innecesaria, que se siente en calma y seguridad. Y lo más importante que solo entre personas de su entorno más cercano, su esposa y sus padres como mínimo. —La señora Lester me miro un segundo a mí, y a mi madre, dio un paso hasta mí e indico incisiva.

—¿Te ibas a divorciar verdad? —su pregunta me confundió y nerviosa solté.

—Estaba pensando en divorciarme, pero ahora… estoy muy preocupada por Fernando, no creo que eso sea un tema importante ahora.

—Pues yo quiero que te calles y no digas nada a Fernando, Griselda está aquí para ayudarlo. —Mire a la chica que me lanzaba de vez en cuando miradas.

—A qué se refiere, señora… porque mi hija se tiene que quedar callada, es la esposa del señor Fernando. —increpo mi madre enojada mirando a la señora Lester, que era más alta con aquellos tacones de aguja.

—Sí, pero ella quiere el divorcio… y si no tiene tantas ganas de estar con mi hijo. Griselda es mejor mujer para mi hijo, es la mujer que él necesita, así que puede irse ahora si tanto quiere.

—Sé que pedí el divorcio… y tengo mis razones, pero al menos déjeme verlo y saber que está bien.

—¡Es el derecho aun de mi hija! —soltó mi madre enojada.

—Y luego desaparece... al fin y al cavo estoy segura de que ni me recuerda. —Tomo la mano de Griselda y camino con ella hacia la habitación. Cuando se fueron todos y me quede atrás, mi madre poso una mano en mi hombro.

—No te dejes Gipsy, entrarás ahí con la cabeza alta, hija… podemos ser pobres, pero honradas.

—Ella tiene razón, él no me recordará. Ni siquiera nos veíamos… apenas nos cruzábamos en la mansión, no sé ni porque estoy aquí. Griselda puede pasar por su esposa, él ni lo dudará, no quiero entrar… —dije temblando como una hoja sin poder moverme.

—Pues me importa un bledo, entraras ahí y punto. —Tomo mi mano y me jalo con ella a la habitación. Todos rodeaban la camilla mientras el doctor parecía examinarlo.

—Por favor dejen espacio y déjenlo respirar —me asomé un poco y estaba sentado ahí en la cama con la mirada perdida en silencio. Su cabello negro siempre se veía bien, hoy lucia más descomplicado con una mirada cansada, tenía un cabestrillo en la pierna y el brazo enyesado, y esa mirada que helaba cualquier habitación, hoy solo eran dos ojos azul cielo tranquilos y sosegados, no perdían su luz aún tenía esa elegancia.

—Cariño…. Soy yo, tu madre… ¿Cómo estás? —cuando giro su mirada pareció guardar silencio, la observo y sin más aparto la vista.

—Yo soy Griselda… me recuerdas Fernando, soy el amor de tu vida. —mi madre rechisto y con rapidez la detuve sosteniendo su mano, me miro y negué en silencio. El doctor se acercó a Fernando al ver que no decía nada y soltó.

—Fernando, sé que estás un poco aturdido ahora, los medicamentos para el dolor te tendrán adormilado, lo importante es que mantengas la calma, si hay algo que llame tu atención o te produzca poca importancia, puedes decirlo, ¿sabes como te llamas? —asintió en silencio y por fin hablo.

—Fernando Romero…

—¡Hay dios mío, es un milagro! —soltó la señora Lester.

—¿Y a esta mujer la recuerdas? —miro a Lester y sostuvo su cabeza con dolor.

—¿Qué me pasa? Por qué no recuerdo nada, yo…

—Relájate, Fernando... acabas de despertarte de un fuerte accidente. Tómatelo con calma —mire con pena la situación y sin darme cuenta algunas lágrimas brotaron y con rapidez las seque. Cuando volví a mirarle, sus ojos recayeron en mí, sin apartarlos una expresión de confusión.

—¿Quién es ella?

—N-nadie sin mucha importancia, hijo. —cerré mi boca agachando la mirada

—¿Entonces porque está llorando? Supongo que me conoce si está aquí.

—Soy solo…. Una compañera, señor —dije con rapidez al sentir la presión de las miradas de todos. —Fernando aparto la mirada de mí y sobando sus sienes se quejó.

—¿Hijo estás bien?

—No, fuera todo el mundo.

—Pero… hijo...

—Dije… ¡Fuera!

—Lo mejor será que lo dejemos descansar por hoy, mañana será mejor que venga poca gente.

—Eso me parece muy buena idea, mañana solo vendrá Griselda y yo, ¿te parece bien hijo? —levanto la mirada y volviéndome a mirar, soltó con dureza.

—Que venga ella también. —Todos me miraron, y Lester me lanzo una mirada iracunda. Tragándose sus insultos indico.

—Como tú quieras hijo —en silencio salimos todos, y antes de que se cerrara la puerta, Lester me aparto con brutalidad.

—¡Ay! Me lastima, señora Lester.

—Mira, te lo voy a dejar muy claro, tú y tu horrorosa madre los quiero callados como una tumba, ve esta oportunidad para por fin divorciarte de mi hijo. ¿No era eso lo que querías? —asentí en silencio y solté.

—Mañana me presentaré en el hospital como me lo pidió Fernando.

—¡Pero que no me estás oyendo analfabeta estúpida!

—Si es lo que él necesita para que mejore lo ayudaré, nada cambiara que yo este, si antes ni siquiera me miraba, porque sin memoria lo haría. No se preocupe, cuando no me necesite me iré y terminaré el proceso de divorcio. Ni se enterará y tampoco pienso decirle nada y avergonzarme por segunda vez, tengo mi límite. —Me miro de arriba para bajo y con un fuerte resoplido indico.

—Créeme… te hacemos un favor con esto, esta familia es demasiado para ti. —Reacomodo su bolso y camino hacia la salida.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP