Un hombre egoísta
—Yo solo necesito que me digas si realmente… —Posó un dedo por mis labios impidiéndome hablar, tomó mi mano levantándonos de la cama; en silencio la guio frente a un espejo y entonces me acerqué detrás de ella y susurré.
—Fernando… ¿Qué quieres…
—Sabes lo que veo, Genoveva… —Negó agazapando la mirada con vergüenza; tomó su quijada y alzó su rostro de nuevo.
—Veo algo que he deseado, eres un pensamiento que nubla mi mente, eres algo que no pedía, y al final terminé queriendo.