Capitulo 4

Un día en la vida de Gipsy


No podía dejar de pensar en la mirada perdida de Fernando, una parte de mí se quería alejarme por fin de este sueño iluso y la otra me advertía de que saldría humillada de nuevo. No quería ver su cara de sorpresa, si Fernando sin memoria se enteraba de que se había casado con una mujer como yo, mi corazón no soportaría de nuevo ese rechazo, mi pecho empezó a latir con ansiedad y de fondo escuche.

—¡¿Gipsy me estás escuchando?! —alce la mirada y madre me miro detrás de la barra.

—Lleva de una vez por todas esos malditos fideos a la mesa.

—¡P-perdón! —increpé con rapidez tomando los dos tazones de fideos.

—¿Dónde tienes la cabeza? ¿Es por la visita que harás hoy? —en silencio me dirigí a la mesa sin responder nada.

—Que disfruté su orden, perdón por la tardanza —cuando volví mi madre indico frente al fogón de la cocina friendo arroz.

—No creo conveniente ir, y menos después de haberle mentido a Fernando. ¿Y si se entera? No sé qué… que… tengo que decirle.

—La verdad, eso es lo que tienes que decirle. Te dejas humillar cuando eres la mujer de ese hombre duélale a quien le duela.

—Me duele a mí… y más me dolerá si veo su cara de decepción al enterarse de todo.

—Gipsy, no crees que es importante que ese hombre no se quiera divorciar, estoy intentando que entiendas que ese hombre paga las deudas de este lugar —aparte la mirada y desviando los ojos solté un suspiro.

—No puedo hacer que dure ese matrimonio mamá…

—Solo tienes que mantenerlo un tiempo hasta que paguemos todo, y luego te divorcias. —indico tomándome de los hombros.

—Es muy fácil decirlo, cuando no tienes que aguantar sus desprecios. —paso su mano por su cara y antes de que soltara algo más, recibí un mensaje de Agapito, mi amigo de la infancia. Esbocé una gran sonrisa y con rapidez solté.

—Tengo que salir a un lugar, antes de ir al hospital —tomé mis cosas con rapidez mientras leía el mensaje de mi celular.

—P-pero… tenemos que hablar Gipsy, ¡no llegues tarde al hospital!

—Hablamos después, no te preocupes por nada, yo cierro el negocio.



Cuando bajé del auto bus, me senté en una banca alejada del lago del central Park. Mire las fotos antiguas de la secundaria de Agapito y yo, y una sonrisa se formó en mi boca, la única persona que nunca juzgo mi físico en la secundaria, un chico delgado desgarbado, con una melena en los hombros posaba a mi lado con una sonrisa incómoda. Jamás le gustaron las fotos, siempre me decía que no se gustaba sí mismo, que jamás se vería bien con esa cara. Después de la secundaria se fue de viaje a Tailandia y perdimos toda comunicación, su despedida me hirió, nunca entendí por qué alejarse de esa manera tan silenciosa, jamás lo hubiera juzgado si esa era su decisión, pero ni siquiera un adiós. Solté un suspiro fuerte guardando el mi celular, mire a mi alrededor, pero no veía a ningún chico de sus características. De repente alguien se me puso delante, alce la mirada y una hermosa mujer rubia alta en unos tacones de puntilla, y un vestido que dejaba mucho que desear, se apartó sus lentes y unos ojos azul lentilla me miraron.

—¡Hi! —saludo con una amplia sonrisa.

—Ah… disculpe, pensé que era alguien más —me levante de la banca y a punto de irme soltó.

—¿Gipsy, eres tú? —me gire para mirar de nuevo a la mujer, y alegre se lanzó a mis brazos, incómoda la mire sin entender quién diablos era.

—Perdón… pero quién es usted, creo que se ha confundido —dije con una sonrisa amable, pero nerviosa.

—Soy yo… Agapito… —mi boca se quedó levemente abierta, incrédula. Solté una carcajada apuntándole con mi dedo tembloroso en una sonrisa nerviosa.

—Esa estuvo buena, donde está George y Ester haciéndome una más de sus bromas estúpidas. Mejor dicho… ¿Dónde… está Agapito? —solté buscándolo detrás de aquella mujer.

—Deja de buscar, soy yo estúpida… bueno, mejor dicho…. Agatha no Agapito… —fruncí el ceño, para volverla a mirarla de pies a cabeza.

—¿Agapito…? N-no, puede ser tú… —soltó una carcajada sonora.

—Joder… tampoco quede tan mal para que te pongas así, tía… no es para tanto, bolita. —Cuando dijo aquel apodo, el aliento salió de mi boca y temblorosa, me giré caminando lejos de aquella mujer como un autómata.

—Gipsy… ¡Gipsy!

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—Oye, podrías dejar de correr, me duele las putas piernas con estos tacones.

—Pues te jodes, bien que puedes desaparecerte por años y aparecer de la nada como… como… ¡una mujer! ¡¿Qué diablos, Agapito?! Tan mala amiga fui… ¡dios, nada me sale bien! ¡Ahh! —pegue un grito cayendo al suelo como m****a de paloma. Corrió hasta mi y apunto de tocarme aparte su mano, las risas de los transeúntes que iban pasando mirando aquel bochornoso espectáculo.

—Vale, si… tienes razón, fui una estúpida. Me puse chocho, y dos grandes tetas, debí decirte ese pequeño detalle antes de quedar para vernos, pero sigo siendo yo… —me levanté, con dificultad limpiando mis pantalones llenos de polvo, y entonces solté dolida.

—¿Amiga...? ¿cuál amiga? Yo tenía un amigo, pero ahora ya no se ni quien diablos eres, y ya ni siquiera es porque hayas cambiado de sexo, sino porque me mentiste desde que estábamos juntos, y en vez de confiar en mí, te fuiste y desapareciste por años. Luego vuelves pensando que somos algo… ¡vete a la m****a! —aparte la mirada con rabia y seguí mi camino como si no la conociera de nada.

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