Mataría por ti
Me removí en las sábanas y, cuando estiré mi brazo, solo sentí la frialdad de un lado de la cama al que han dejado abandonado un largo tiempo. Me levanté acelerado, mirando alrededor de la habitación, tomé mis pantaloncillos, vistiéndome con apuro; cuando me puse la camisa, abrí la puerta y me encontré de frente al seguridad de Genoveva.
—¿Dónde está mi mujer? —solté caminando con rapidez hacia la entrada.
—No se ha escapado, señor Fernando —detuve mis pasos, girándose hacia mí