Convicciones
Fernando.
Estiré mi mano hacia ella esperando su rechazo, pero no me importaba, porque la dureza de mis palabras no era más que una realidad que no adornaría más; me mostraría tal y como era… cruda y sin contemplación. No había opción, simplemente aceptar odiarme hasta el final de sus días, o amarme y quedarse a mi lado para darle mi mundo entero; la dejaría escoger, pero no la dejaría irse, ya no... Genoveva me miró y estiró su mano hacia mí, temerosa. Su mirada parecía perdida y