La mirada del mafioso—Oye, podrías dejar de correr, me duele las putas piernas con estos tacones.—Pues te jodes, bien que puedes desaparecerte por años y aparecer de la nada como… como… ¡Una mujer! ¡¿Qué diablos, Agapito?! Tan mala amiga fui… ¡Dios, nada me sale bien! ¡Ahh! — pegué un grito cayendo al suelo como mierda de paloma. Corrió hasta mí y a punto de tocarme, aparte su mano, las risas de los transeúntes que iban pasando mirando aquel bochornoso espectáculo.—Vale, sí… tienes razón, fui una estúpida. Me puse chocho, y dos grandes tetas, debí decirte ese pequeño detalle antes de quedar para vernos, pero sigo siendo yo… —me levanté, con dificultad, limpiando mis pantalones llenos de polvo, y entonces solté dolida.—¿Amiga...? ¿Cuál amiga? Yo tenía un amigo, pero ahora ya no sé ni quién diablos eres, y ya ni siquiera es porque hayas cambiado de sexo, sino porque me mentiste desde que éramos amigos, y en vez de confiar en mí, te fuiste y desapareciste por años. Luego vuelves pens
Leer más