Una fiesta del carmín
La noche cayó y solo podía temblar como una gelatina; mis manos estaban tan frías... ¿Y si decía algo a Fernando? No quería seguir abriendo esa herida, pero no podía no bajar, no podía avergonzar a Fernando de esa manera. Respiré hondo y con rapidez saqué una barra de chocolate de mi pequeño bolso para calmarme.
—¿Solo sabes comer? —inquirió Lesternia entrando a la habitación. Pegué un pequeño salto guardando el chocolate, me giré hacia ella, y sorprendida de su belleza c