Mundo ficciónIniciar sesiónFrancisca y Rick llevan un noviazgo de cinco años. Son una pareja estable y feliz, o eso es lo que ella cree. Cuando Francisca descubre que el chico de sus sueños le ha sido infiel y que no se arrepiente de aquello, la situación para ella se vuelve insostenible, ya que al mirar a su alrededor se da cuenta de que sin él se ha quedado sola en el mundo. Sin amigos en quiénes confiar, decide arriesgarse y retomar su antigua vida, para comenzar a amarse a si misma antes que a cualquier otro chico. Una chica con el corazón roto. Un grupo loco de amigos que abandonó y ahora han vuelto. Un mejor amigo que es como su hermano. ¿Francisca saldrá adelante sin Rick? Ella pone todas sus fichas a que sí lo hará, y la ecuación mejora cuando un par de ojos azules se cruzan en su camino volviendo todo más interesante.
Leer másEl día de la boda de Kat y Demian amaneció luminoso, como si el cielo hubiese decidido vestirse de fiesta para ellos. El aire estaba tibio, y en mi pecho habitaba una mezcla de emoción y nerviosismo que no tenía que ver con la ceremonia… o quizá sí, pero de una forma distinta. Jackie, con apenas un mes de nacida, dormía plácida en los brazos de mi madre. Ella estaba sentada en una de las primeras filas de la iglesia y me dedicaba sonrisas llenas de ternura cada vez que nuestras miradas se encontraban. Yo sabía que su felicidad no solo era por ver a Kat y Demian unir sus vidas, sino también por este nuevo capítulo que había comenzado en la mía. El vestido de dama de honor que llevaba era de un verde pastel suave, entallado en la cintura y con una falda vaporosa que se movía con cada paso que daba. Phillip, a mi lado, lucía impecable con su traje oscuro y corbata a juego con mi vestido. No era solo mi pareja… ese día también era mi compañero de ceremonia. Ambos formábamos parte del se
Aquella tarde el dolor apareció como una oleada repentina, obligándome a aferrarme al borde de la mesa de la cocina.—Ay… —solté, con una mueca.—¿Qué pasa? —preguntó Carla, dejando el celular a un lado.No alcancé a responder cuando sentí algo tibio recorrerme las piernas.—Creo que… rompí bolsa.Carla me miró de arriba abajo con los ojos bien abiertos.—Ah, perfecto, justo lo que me faltaba hoy —dijo irónica, mientras se ponía de pie—. ¡Vamos, arriba! Esto no es un ensayo, es la función principal.Me ayudó a caminar hacia la puerta, pero no sin antes agarrar mi bolso del hospital que tenía armado desde hace semanas junto a la puerta. Justo por si pasaba algo como esto. —Respira, Fran, que no quiero que te me desmayes en el auto. Y si gritas mucho, me voy a poner los audífonos, ¿queda claro?A pesar del dolor, solté una risa entrecortada.—Eres insoportable, Carla —murmuré entre dientes—. No me hagas dudar de darte como ahijada a mi hija. —Lo hablaremos después, pues justo ahora tú
Un mes después. Me observé en el reflejo de aquel enorme espejo y sonreí al notar el leve bulto que se formaba en mi vientre bajo. El tiempo había pasado volando y, con nueve semanas de embarazo, me sentía distinta.A pesar de las molestas náuseas matutinas, en general me sentía genial.—A ver… —murmuró Carla, evaluando con ojo crítico el vestido blanco de novia que Kat llevaba puesto.Kat se giró lentamente frente al espejo, y de pronto el ambiente cambió. El vestido caía con una gracia perfecta, abrazando su figura de manera impecable, arrancando un suspiro colectivo de todas nosotras en la sala.—Es este… —dijo Kat en voz baja, como si temiera romper el momento.Sentí un nudo en la garganta al verla tan hermosa. Las hormonas me habían convertido en una mujer que lloraba por cualquier cosa, y no me avergoncé cuando un par de lágrimas rodaron por mis mejillas. Ver a una de mis mejores amigas a punto de casarse con el amor de su vida era demasiado para mi corazón.—Te ves… increíble,
—¿Es como un grano de arroz? —preguntó Carla, observando con ternura la ecografía que la doctora nos había impreso.—La doctora dice que aún es muy pequeño, del tamaño de una semilla de amapola —respondí con una sonrisa emocionada, sin apartar la vista de ese diminuto punto en la imagen—. Recién tengo cuatro semanas.—Dios mío… —susurró mi amiga, con los ojos vidriosos, mientras sacaba su celular para fotografiarlo—. Ya quiero saber si será niña o niño.Solté una risa suave y asentí.—Aún es muy pronto, pero estoy segura de que el tiempo volará.El celular vibró sobre la mesa, interrumpiendo mi conversación con Carla. —¿Phillip? —pregunté al contestar.—Hola —su voz sonaba tranquila, pero había algo en su tono que me hizo enderezarme en la silla—. ¿Puedes venir a mi casa? Quiero mostrarte algo.Fruncí el ceño, curiosa. Nos habíamos visto hace un par de horas.—¿Qué es?—No te lo diré por teléfono —respondió con una leve sonrisa que casi podía imaginar—. Solo… ven.—¿Es algo malo? —pr
Último capítulo