Si por fuera la casa de Ignacio ya se veía enorme, por dentro confirmé mi sospecha. Más que una casa, parecía una mansión de gente rica. Al entrar, observé todo con los ojos bien abiertos y una sonrisa en los labios, ya que no solía frecuentar sitios así.
Me sentía tan viva al estar rodeada de tantas personas, que un cosquilleo enorme se instaló en la base de mi estómago. Fue entonces que lo entendí: ya no era la misma Francisca de antes. Claro que no. Desde que Rick se había ido de mi vida, yo