Llegué al trabajo un poco más temprano de lo habitual. El aire estaba fresco y el pasillo se sentía inusualmente silencioso. Apenas crucé la puerta, vi a Deck recostado contra una de las columnas, con las manos en los bolsillos y una expresión que delataba que quería decirme algo.
—Fran, ¿tienes un momento? —me dijo, acercándose con cierta timidez.
—Claro —respondí, dejando mi bolso sobre el escritorio—. ¿Pasa algo, Deck?
Él se pasó una mano por el cabello, como si buscara ganar tiempo antes de