Phillip me observó en silencio, como si procesara cada sílaba que yo acababa de pronunciar. Se quedó inmóvil, como si le hubiera desconectado el mundo alrededor.
No parpadeó, no sonrió, no dijo nada durante unos segundos que se sientieron eternos. Mi corazón no dejó de latir con fuerza contra mi pecho, temiendo una reacción negativa ante la noticia de que seríamos padres.
Le di espacio, pero por dentro quería gritar y correr en dirección opuesta, para refugiarme en un lugar seguro.
—¿Cómo…? —