El encuentro con Rick me había liberado de la carga que venía arrastrando desde la ruptura. Estaba feliz de haberlo mandado a la mierda. La niña tonta que un día cayó rendida a sus pies, ya no existía más. Yo estaba volviendo a renacer, y jamás volvería a soportar sus estupideces.
Mientras caminaba por la calle, saqué el celular del bolsillo y marqué el número de mi mejor amigo, esperando no interrumpir nada importante.
—Hola, caracolita —saludó como siempre, con ese apodo que arrastraba conmi