Mundo de ficçãoIniciar sessãoLena Sparks es una respetada abogada de 35 años en Nueva York, tiene todo lo siempre deseó e incluso más, tan sólo hay una cosa aún no ha podido alcanzar, pero no es una de sus prioridades, en lo absoluto. Ares Khol es un chico normal, bueno... no es tan normal como parece, en realidad. Tiene 24 años, y está a punto de terminar el máster pondrá fin a sus estudios. Tiene grandes ambiciones en la vida, y muchas ganas de lograr sus metas. Ambos se conocen en una fiesta, dos personas jamás se habrían fijado el uno en el otro, de no ser por el y las circunstancias, terminan pasando la noche juntos. ¡Dios! Ella es la primera mujer a la no le asusta el tamaño de su robusto amigo... ¡Oh Díos Mío! Él es como un Dios Griego en el . *ESCENAS SEXUALES +18 no apto para todo los públicos. --- Obra registrada a mi nombre, poseo la licencia de la autoría de la misma. Por tanto cualquier adaptación o plagio de la misma será penalizado con la ley.
Ler maisEmma Collins echó un vistazo a su discreto maquillaje. Bajó del auto y caminó hacia el interior de la empresa de su prometido y próximamente su marido. Su relación con Nicholas Fisher, casi le cuesta la relación perfecta con su padre. Michael Collins.
—Señorita Collins —saludó el guardia de seguridad al pie del ascensor.
—Buenos días, Martín —correspondió el saludo con amabilidad.
Así era Emma Collins, amable y sincera.
—¿El señor Nicholas está en su oficina? —preguntó.
Le había llamado antes de salir de la empresa de su familia, quería darle una sorpresa y él había dicho que tenía mucho trabajo y que no se movería ese día de la oficina.
—Sí, claro que sí está.
Emma agradeció y con un semblante más que feliz se dirigió a la oficina de su novio. Nicholas y ella habían sido novios desde que tenían quince años, así que prácticamente solo les faltaba fijar la fecha para la boda e irse a vivir juntos.
Las puertas del ascensor se abrieron, Emma no se sorprendió al no encontrar a Angélica en su puesto, seguramente tenía mucho trabajo y de repente estuvo tentada a volver por donde llegó. No quería interrumpir.
Los ruidos extraños provenientes de la oficina de Nicholas, le hicieron desistir de marcharse y paso a paso se asomó hacia la puerta entreabierta.
—¡¡Nicholas!! —gritó al ver a su novio enterrado en el cuerpo de Angélica, su secretaria y su mejor amiga.
—¡Emma! —gritó apartándose de la mujer y subiéndose los pantalones con prisa.
Angélica se cubrió la desnudez con las manos antes de correr al baño privado de la oficina.
—Bonita, no es lo que parece —dijo atropelladamente el hombre.
—¿Qué no es lo que parece? ¿Crees que soy idiota? Sé lo que vi Nicholas y no quiero preguntar cuántas veces lo has hecho a mis espaldas. Pensé que me amabas —dijo luchando para contener las lágrimas que luchaban por abandonar sus ojos.
Su padre se lo había advertido. Le había dicho en más de una ocasión que Nicholas Fisher no era el hombre que ella necesitaba en su vida y no le había creído. Incluso Ryan Black le había dicho que ese hombre era un jugador y tampoco había tenido en cuenta su advertencia. En su lugar le había acusado de meterse en su vida y le había hecho más de una maldad para vengarse de él.
—Te quiero, Emma. Te juro que te quiero, pero siento que no te amo.
Emma lo miró como si lo viera por primera vez, mientras sentía como su corazón se contraía dentro de su pecho hasta el punto de asfixiarla.
—Escucha nena, podemos intentarlo, podemos casarnos y si no funciona podemos hacer una vida libre. Nuestro matrimonio es un gran negocio, y…
El golpe de una bofetada se escuchó en la oficina y el silencio que le siguió fue sepulcral. Emma miró con un resentimiento tan profundo a Nicholas, como nunca imaginó que podría hacerlo.
—¡Vete al diablo! —gritó enojada antes de girar y marcharse.
Nicholas Fisher maldijo en cuantos idiomas pudo recordar. Sus padres lo matarían si rompía el compromiso con Emma Collins, más cuando ellos estaban a un paso de la ruina.
—Te daré tiempo, bonita —dijo como sí no conociera el carácter vengativo de la joven heredera.
♦—♦—♦♦—♦—♦
—No.
—¿No?
Ryan Black se quedó de piedra al escuchar la respuesta de la mujer y como todo un idiota repitió la pregunta.
—¿No?
—No. No puedo aceptar tu propuesta de matrimonio Ryan. Tengo planes y mi carrera se proyecta a Europa, lo siento.
Ryan se puso de pie tan lentamente que pareció una eternidad antes de erguirse en toda su altura.
Había pasado mucho tiempo antes de poder fijarse en una mujer y mucho más tiempo en amar. Clarise había sido la excepción, con ella pensó que tendría lo que su amigo tenía. Una familia e hijos.
—¿Estás segura?
—Dame un año, Ryan. Déjame probar suerte en el viejo mundo, es por lo que he trabajado todos estos años, está es mi oportunidad —expresó.
—¿Quieres tenerme en el banco de reserva en caso de fracaso? —preguntó guardando el anillo de compromiso en el bolsillo.
—No voy a renunciar a mi carrera por ti, no ahora. Soy una mujer joven, Ryan —dijo antes de girar sobre sus pies y dejar al hombre con el corazón destrozado.
¿Qué es lo que podía hacer un hombre de cuarenta años tras una ruptura?
¡Exacto!
¡Emborracharse para olvidar!...
Estaba agradecida de que fuese sábado, porque no quería hacer nada más que mirarle, mientras él me contaba lo entusiasmado que estaba con su negocio, era un verdadero gozo oírle hablar así.- ¿Me estás oyendo? – preguntó, de pronto, haciéndome sonreír. Levanté la mano, apoyando el codo sobre el suelo, para luego sujetarme la cabeza con ella. Dirigí entonces, mi mano libre a su barbilla, y la acaricié.- ¿Sabes lo preciosa que es tu boca cuando hablas? – sonrió, divertido, guiñándome un ojo, para luego besar mi mano. Acaricié sus labios – y lo mejor es que estos labios son míos – rompió a reír, al escuchar aquello.- ¿Cuándo vuelve Will de su viaje? – quiso saber. Perdí la sonrisa en ese justo instante. Bajé la mano y me mordí el labio, nerviosa – si necesitas que esté contigo o ...- Quiero hacerlo yo – le contradije – cuando vuelva, el miércoles, se lo contaré.- Le contarás que estás con el chico de veinticuatro años más sexy de toda la ciudad, ¿no?El timbre de la puerta sonó, hacié
Le miré varias veces, desde la barra, justo cuando la tal Pisci le agarraba de la cintura, acercándose demasiado, él lució, despreocupado.- No me gusta la forma en la que ella te mira – susurró, haciendo que él se fijase en mí. Sonreí, bajando la mirada un momento.- ¿Cómo me mira? – quiso saber.- ¿Cómo si fueses de su propiedad? – contestó ella. Sonrió, divertido, justo cuando llegaba hasta ellos, siempre dejando distancias para no inmiscuirme demasiado.- ¿En serio? Lena – me llamó, justo cuando hube llegado hasta ellos, con mi copa en la mano, haciendo que los demás pusiesen sus ojos en mí, me incomodaba, terriblemente – Pisci dice que me miras como si fuese tuyo – sonreí, al darme cuenta de lo que pretendía - ¿es cierto?- Sí – contesté, haciéndole reír. Nadie entendía nada, excepto nosotros. La lluvia de nieve comenzó a caer sobre nosotros, tenían fiesta de la espuma, y parecía que estaba nevando, literal. Levanté la mano, sintiendo como los copos caían sobre nosotros. Eran copo
Bueno... he pensado que como quedan ya tres capítulos para que termine... los voy a subir ya todos del tirón y ya terminamos con la espera, además también teniendo en cuenta que mañana w*****d estará cerrado por unas horas.Les subo otro capítulo.Acababa de cenar un delicioso queso con uvas, con mi copa de vino, justo iba a echarme otra, cuando mi teléfono comenzó a vibrar. Tenía un nuevo mensaje.---Will:Preciosa, ¿cómo ha ido tu día? Siento haber estado desaparecido, tuvimos reuniones durante todo el día. Mañana me iré a Canadá, a ese viaje de negocios del que te hablé. Espero volver a verte cuando vuelva.Yo:Por supuesto que nos veremos. Pásalo bien, y disfruta.---Una ventana emergente apareció de pronto, tapando la conversación anterior.---Ares:Siento lo de hoy, siento que hayas pensado que quería usarte... Nunca te he usado, eso era lo que quería decirte... pero termino pensando en miles de otras cosas que me gustaría poder decirte, cosas que al final terminaré callándome
Aquel día tenía una resaca del demonio, aun así, me marché a trabajar, tenía un caso de corrupción que investigar en la oficina. A pesar de eso, no pude dejar de abrir la boca, estaba cansadísima, apenas dormí nada la noche anterior.A la hora del tentempié me tomé varios cafés, ni siquiera pude tomarlos con Peter, pues él estaba reunido con Charles. Tan sólo esperaba que no fuese nada grave.Subía en el ascensor hacia mi planta, mientras chequeaba los mensajes, tenía uno de Will.---Will:Siento lo de anoche, me comporté como un capullo. Sólo quiero que sigamos como hasta ahora, conociéndonos, sin ponerle etiquetas.---Comencé a responderle, de camino a la oficina, levantando la vista antes de haber enviado el mensaje, encontrando allí a Ares, apoyando en la pared, ladeando la cabeza para mirarme, haciendo que dejase caer las manos, totalmente sorprendida de verle allí.Me lamí los labios, nerviosa, sin atreverme a dar un paso más, mientras él apretaba los puños, molesto, al mismo t
Tumbada en la cama, aún en ropa interior, sin querer vestirme, escuchaba la voz de Will, a lo lejos, hablando por teléfono, mientras yo chequeaba mi teléfono, tenía algunas llamadas perdidas de Pit, y algunos mensajes de Charles.Charles:"No te olvides de la fiesta de esta noche, en el bufete. No hagas planes con el bueno de Will, y tráelo de una vez para que lo conozcamos. Así Victoria dejará de molestarme con que hay algo sospechoso en nuestra relación"Las cosas habían cambiado demasiado en poco tiempo, tengo que admitir. Para empezar Marks había dimitido, después de hacer algo que molestó mucho a nuestro jefe, lo cual nunca me enteré que fue. Khol había vuelto al bufete, de hecho, esa era la razón de la fiesta de esa noche.Habían pasado tres meses, y yo seguía huyendo de los sentimientos, evitando pensar en aquel que me hacía daño, sin querer empezar nada nuevo con nadie, a pesar de lo mucho que Will insistía porque fuésemos mucho más. Yo aún no estaba preparada para empezar una
Estaba en mi cama, dando vueltas en ella, sin poder conciliar el sueño, no podía dejar de pensar en él. Estaba en su cama, con él mirándome, esos hermosos ojos azules que me tenían tan tremendamente cautivada, sonriéndome, mientras yo acariciaba su cabello. Mis lágrimas seguían saliendo, sin que pudiese hacer nada por detenerlas, ante la terrible realidad que me golpeaba. Él ya no era mío, nunca lo había sido, y nunca lo sería de nuevo. Dolía, dolía muchísimo. No podía aceptar la idea de no poder volver a despertar a su lado, con esa mirada sobre la mía, con esa sonrisa, con su risa, ese guiñe de ojo que me volvía loca, sus caricias, su mano entrelazada a la mía. Un sonido en la puerta me hizo limpiar mis lágrimas con rapidez, y poner atención a lo que ocurría. - Nena – me llamó mi madre. Me hice la dormida – ¿ya estás en casa? – insistió – Me tenías preocupada... - entró en la estancia, observando el vestido sobre la silla - ¿qué ha pasado? – se sentó sobre la cama, y apoyó su m





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