El aire que respiro parece no saber cómo salir de mis pulmones. Tengo el pecho apretado, por mucho que me grite que debo mantenerme en calma. Tengo que estarlo, porque el señor Monic me está confesando algo que no creí que supiera, porque merezco saber la verdad, porque ya es suficiente de huir de ella.
Me duele. Me desgarra lo que hizo, pero no quiero escucharlo a él. No puedo ahora y no sé cuándo podré hacerlo sin sentir esta maldita sensación de traición dentro de mí. Con el señor Monic no m