—Mi hermano se enamoró de ti —dice de repente, despacio, rompiendo el silencio en el que los dos nos hemos sumergido desde hace rato—. Y mucho.
El corazón me da un salto, pero no me muevo. Me quedo quieta con la mirada al frente, recibiendo el impacto de sus palabras que parecen dejarme sin aire.
No le doy réplica, sino que, bajo la mirada, lucho con mi corazón, que parece querer huir de algo que no está listo para enfrentar. Y no conforme con actuar de manera cobarde, se traiciona él mismo por