Mi jefe, mi enemigo

Mi jefe, mi enemigo ES

Romance
Última actualización: 2026-02-04
P. Wolf   Recién actualizado
goodnovel18goodnovel
0
Reseñas insuficientes
65Capítulos
8leídos
Leer
Añadido
Resumen
Índice

Nunca imaginé que el hombre al que más odiaba en esta ciudad sería también mi jefe. Adrián Montenegro lo tiene todo: poder, dinero y control absoluto. Y yo… solo tengo rabia, orgullo y un pasado que él ayudó a destruir. Ahora debo trabajar bajo su mando, soportar su frialdad, sus reglas y sus miradas que parecen leerme el alma. Lo que comenzó como desprecio pronto se convierte en algo mucho más peligroso: atracción, tensión y secretos que podrían destruirnos a los dos. ¿Podrá el odio transformarse en algo que ninguno de los dos esperaba… o acabará con nosotros?

Leer más

Capítulo 1

El hombre al que debía odiar

Nunca imaginé que el hombre al que más odiaba en esta ciudad sería también el que firmaría mi contrato.

Lo supe en cuanto entré en la sala de juntas. No había presentación ni advertencia. Solo él, de pie junto a la cristalera, mirando la ciudad como si la controlara toda. La luz de la tarde se filtraba a través de los ventanales, iluminando su silueta perfectamente recortada, y me hizo sentir pequeña, casi invisible. Era como si la sala misma se inclinara a su favor, y los murmullos bajos de los presentes parecían temblar ante su presencia.

—Llegas tarde —dijo, sin mirarme siquiera.

Miré mi reloj. Faltaban tres minutos. Tres minutos que parecían una eternidad. Tres minutos que me hicieron recordar cada fracaso de mi familia, cada puerta cerrada, cada oportunidad que se había esfumado por decisiones que él había tomado. La rabia me subió por la garganta, pero la contuve. Sabía que cualquier reacción podría jugar en mi contra.

—El ascensor se detuvo en todas las plantas —dije, conteniendo el enfado—. No volverá a ocurrir.

Se giró lentamente. Alto. Demasiado. Traje oscuro que marcaba cada línea de su cuerpo. Ojos oscuros que te perforan y te leen por dentro. Mandíbula fuerte, mirada implacable. Cada movimiento suyo era medido, controlado, y parecía transmitir un mensaje: “Todo está bajo mi control. Y tú no perteneces aquí”.

—Eso no es excusa —sentenció con voz firme, helada.

Mi primer impulso fue salir, gritar, largarme. Pero no podía. No aquí. No ahora. Necesitaba ese trabajo más de lo que quería admitir. Cada oportunidad contaba, cada euro, cada decisión de mi vida estaba ligada a este momento, y no podía dejar que su arrogancia me hiciera perderlo.

—Siéntate —ordenó.

Obedecí. La sala estaba en silencio. Los otros candidatos me miraban con cautela, algunos con miedo, otros con curiosidad. Yo no apartaba la mirada de él. Quería mostrar que no me intimidaba, aunque por dentro mi corazón latía a mil y cada fibra de mi cuerpo estaba alerta. Cada músculo tenso, cada respiración contenida. Sabía que cualquier señal de debilidad sería interpretada y castigada.

—Soy Adrián Montenegro —dijo al sentarse al frente—. CEO de Montenegro Group.

El nombre cayó como un golpe seco. Montenegro. Mi padre había trabajado con él. O más bien, contra él. Su empresa arruinó la nuestra, destruyó todo lo que conocía. Cada factura pendiente, cada noche en vela, cada decisión equivocada que nos dejaron… todo había pasado por su firma. Y yo debía trabajar para él.

Lo observé con atención, como si pudiera descubrir en su rostro algún indicio de culpa o arrepentimiento, pero no había nada. Ni una mueca, ni un gesto, ni una chispa de humanidad que pudiera traicionarlo. Solo el control absoluto, la seguridad de quien sabe que tiene el poder y lo ejerce sin dudar.

—Este puesto requiere compromiso absoluto. No tolero errores, excusas ni dramas personales durante el horario laboral —continuó, con la mirada clavada en mí. Su voz era firme, precisa, cada palabra pesaba como una sentencia.

—No los habrá —mentí.

Él arqueó una ceja, y en ese simple gesto entendí que no se lo creía. Era una mirada que atravesaba cualquier fachada, que leía la verdad que intentaba ocultar. Sentí un escalofrío. No por miedo a él, sino porque sabía que alguien así podía destruirte sin esfuerzo.

—Si alguien cree que no puede con eso, la puerta está abierta.

Todos permanecimos quietos. Yo también, aunque mis manos temblaban apenas imperceptiblemente bajo la mesa. Observé las sillas de los demás candidatos, la manera en que se sentaban, cómo movían los pies nerviosamente, cómo bajaban la mirada. Cada gesto me recordaba que todos estábamos a merced de alguien que no mostraba piedad.

—Bien. Empecemos —dijo, pasando a la entrevista.

Cada pregunta era un golpe. Cada logro que mencionaba parecía insuficiente. Cada experiencia, cuestionable. Todo lo que decía él era una prueba de que no estaba a la altura, aunque no era cierto. Intenté mantener la calma, responder con precisión, no dar ni un paso en falso. Cada palabra estaba medida, cada movimiento controlado, porque sabía que Adrián Montenegro no dejaba espacio a errores.

—¿Por qué quiere trabajar aquí? —preguntó al final, mirándome directamente.

Podría haber dicho la verdad. Podría haberle gritado lo que sentía. Pero no podía. No aún. Cada sílaba que saliera de mi boca podía ser usada en mi contra. No podía arriesgarme a mostrar mi odio real, ni a dejar que descubriera mi conexión con lo que él había destruido.

—Porque quiero aprender —respondí—. Y porque esta empresa ofrece oportunidades reales de crecimiento.

Sus ojos no parpadeaban. Me estudió durante lo que parecieron siglos. Podía sentir cómo cada segundo se alargaba, cómo la tensión crecía en la sala. Cada respiración, cada movimiento de los demás, parecía estar sincronizado con el suyo. Era imposible ignorar su presencia.

—Está bien —dijo finalmente, casi con un dejo de interés que no supe descifrar—. Empieza mañana a las ocho. No llegues tarde.

Me levanté sin decir nada más. Afuera, en el pasillo, respiré profundo. Cada paso hacia la puerta parecía pesado, como si arrastrara no solo mis pies sino todo el pasado que él había arruinado. Había conseguido el trabajo. Había entrado en la boca del lobo.

Y algo me decía que esta vez, el lobo no solo me observaría. Me esperaba para devorarme. Cada sombra del pasillo parecía alargarse hacia mí, cada reflejo en el cristal del ascensor me recordaba que ahora estaba atrapada en su mundo, un mundo donde cada error podía ser fatal y cada mirada podía herir más que un puñal.

Desplegar
Siguiente Capítulo
Descargar

Último capítulo

Más Capítulos

También te gustarán

Novelas relacionadas

Nuevas novelas de lanzamiento

Último capítulo

No hay comentarios
65 chapters
El hombre al que debía odiar
Primer choque
Primer enfrentamiento
Roce peligroso
Choque y tentación
Juego peligroso
Miradas peligrosas
Miradas que hablan
Frío y dominante
El ascensor
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP