Mundo ficciónIniciar sesiónIrina, una joven de espíritu noble, cree haber encontrado la felicidad en su vida de esposa obediente y señora de una hacienda. Pero su mundo que parece perfecto, lleno de flores y tranquilidad… se tambalea cuando a su vida llega un seductor heredero que, disfrazado de capataz, se infiltra en la hacienda con intenciones ocultas y termina siendo víctima de un amor que no esperaba. Irina cae rendida ante su encanto, y juntos viven una pasión prohibida que los consume. Cuando planean escapar, y dejar atrás las apariencias para comenzar una vida sin cadenas, el esposo de Irina descubre la verdad y frustra la huida, manipulando los hechos para separar a los amantes. Herido y lleno de rencor, Orlando regresa a su hogar y acepta el papel que tanto tiempo rechazó: ser el heredero de una poderosa fortuna. Pero no lo hace por ambición… lo hace por venganza. Porque la mujer que lo hizo amar como nunca, también fue la que, en sus ojos, lo traicionó. Lo que era amor, se convierte en odio. Y Orlando solo tiene una cosa en la mente: "Si no pudo ser mía por amor… será mía por poder”
Leer másCinco meses más tarde.Irina había logrado que al fin Orlando le diera empleo, y por más que peleó para que la dejase trabajar en conserjería, él no quiso, sino que la hizo trabajar a su lado y aprender todo el mecanismo de la empresa para luego, cuando esté lista, darle un cargo importante.Noemí y ella cada día forjaban una relación hermosa, e igual Lucrecia, que por más que Noemí le pidió no estar metida en la cocina, no quiso, sino que las arrastró a ella y a Mariana a aprender a cocinar por petición de Irina, que también quiso aprender para sorprender a su esposo. Fernando no cabía de felicidad tras ver cómo su mujer había cambiado tanto para bien. Pensaba que Irina estaba haciendo maravillas.Ramón llamaba todos los días a Mariana, quien estudiaba también en el país, mientras él estaba en Estados Unidos estudiando una especialidad.Liseth estaba con los preparativos de su boda, pero no dejaba de visitar a Irina, haciéndola partícipe de los preparativos también.Lucrecia estaba s
Cuando ella abrió la puerta de la habitación, también quedó encantada. Lo único que le desagradaba de toda esa decoración eran las alfombras de las pieles de esos pobres animalitos, porque delante de la silla de una peinadora había una elaborada de piel de búfalo. Parecía suave; incluso no niega que quiso quitarse los zapatos e ir a comprobarlo, pero no le gustaba el sacrificio de esos animales.—¿Quieres que quiten las alfombras? —preguntó Orlando cuando notó su mirada fija.—Igual no dejarán de sacrificarlos para ponerlos de tapete —respiró profundamente—. Es una lástima.—Ven aquí, deja de estar triste por eso, vinimos aquí a disfrutar nuestra luna de miel —le rodeó la cintura con ambas manos y le dio un beso casto en los labios—.—Ve a ponerte un bikini, vamos al jacuzzi —ella arrugó la frente; no había visto un jacuzzi en el lugar.—Está en el baño —Orlando rió.—No, mira por ese ventanal —señaló una pared de ventana que estaba cubierta por dos cortinas grandes. Irina se acercó y
Subió el cañón a su boca, cerró los ojos, soltó varias lágrimas y tiró del gatillo, cayendo sin vida sobre los papeles esparcidos en el escritorio. Patricia, que estaba en el salón, soltó un grito. Gregorio y ella corrieron a mirar, llevándose la desagradable sorpresa de que Miguel había acabado con su vida, dejándolos a ellos dos a la deriva.En la hacienda vecina se escuchó el disparo, pero nadie le prestó atención; continuaron con su tarde en familia, haciendo un asado para alegrarle el momento a Irina.Al día siguiente, a Irina le llegó la noticia de la muerte de Miguel, y aunque el mundo dijera que era mala o tal vez cruel, la señora sorprendió a todos vistiéndose de rojo: tanto su vestido como su pintalabios y sus uñas estaban totalmente de rojo carmesí.Destapó una botella de champán y, aunque no realizó una fiesta despampanante, celebró.—Que Dios me perdone si estoy cometiendo un pecado, pero es lo que siente mi corazón —dijo, alzando una copa al aire—. ¡Salud!Luego de lo su
Irina ya había llegado a su lado y, aunque Orlando se acercó a detenerla, ella le pidió sin emitir sonido:—Por favor —solo movió los labios, fue un ruego sin palabras.Entonces, cuando estuvo cerca de Miguel, le dio una bofetada que él no vio venir, y a pesar de su debilidad le pegó fuerte; sonó en el lugar. La indignación le dio mucha fuerza.—Nunca con tu sucia y asquerosa boca vuelvas a dirigirme la palabra. Eres el ser más despreciable de este mundo. Personas como tú no deben nacer; te odio con toda mi alma. Nunca había sentido tanto rencor por alguien como lo siento por ti. Ahora te pido que te largues y no me vuelvas a molestar más con tu desagradable presencia. Evítame el dolor de ver tu cara. Ya me has robado demasiado, y si estás feliz de escuchar que me destruiste, pues celebra, Miguel Martínez, debes celebrar en grande, me has despedazado —Miguel se quedó pasmado. Había visto desagrado en el rostro de Irina, pero ahora pudo sentir su odio crudo. Esas palabras calaron hondo
Último capítulo