Capítulo 103. El peor dolor del mundo.
Narrador.
Cuatro horas después.
Irina estaba despertando de la anestesia que le habían administrado. Estaba tan agitada que los doctores prefirieron sedarla por completo, porque de otro modo no habrían podido realizar el legrado para retirarle el feto de su útero.
Orlando estaba sentado a su lado, sosteniendo su mano con la cabeza agachada, llorando desconsolado, y cuando la sintió despertar no quiso mirarla a los ojos. No tenía el valor; le costaba hacerlo porque no quería verla más destruida.