CAPÍTULO 6. Capataz atrevido.
Narrador.
Orlando escaneó a Irina de pie a cabeza sin agachar la mirada, como ella no lo esperaba, puesto que al ser un empleado nuevo lo lógico era que mostrara respeto. Pero el hombre la miraba con arrogancia, sin molestarse en saludar a la señora del patrón. Irina giró con la intención de irse, pero la voz de Orlando la detuvo.
—¿Señora, le enferma estar a mi lado? —habló sin una pizca de temor a expresarse como lo haría otro empleado en su lugar.
—Señora Irina, buenos días. Discúlpeme por