Mundo ficciónIniciar sesiónElla está atrapada en una vida de deudas y un pasado oscuro que no la deja avanzar. Él es un magnate frío y calculador, con un solo propósito: vengar la traición que destruyó a su familia. Un un objetivo y deseo de venganza en común, se convierte en la oportunidad perfecta para que él use a la mujer vulnerable como pieza clave en su venganza. Pero los secretos que ambos esconden podrían destruirlos antes de unirlos.
Leer másAlejandro sujetó con fuerza la mano de Elena, intentando detener el temblor que comenzaba a apoderarse de ella. Sus ojos, que solían tener un brillo firme y desafiante, estaban ahora inundados por el pánico y la rabia.—La vamos a encontrar, Elena —dijo Alejandro con firmeza, su voz baja pero vibrante de determinación—. Te lo juro, te prometo que va a aparecer sana y salva.Pero Elena soltó su mano con brusquedad. Sus ojos se alzaron hacia él, encendidos de dolor y frustración.—No me hagas promesas que no puedes cumplir —espetó, con la voz temblorosa—. Ya me prometiste una vez que cuidarías de ella. Que Valeria estaría a salvo. Que mientras tú y yo estuviéramos en medio de todo esto, ella no correría ningún riesgo. ¿Y ahora vienes a decirme que la "vamos a encontrar"? ¡No estás en posición de prometer nada, Alejandro!Detrás de ellos, Leticia escuchaba todo en silencio, aún petrificada. No entendía el contexto, no alcanzaba a armar el rompecabezas, pero algo dentro de ella comenzaba
Mientras tanto, en la mansión Villalba, Alejandro Santoro estaba en el estudio del segundo piso, sentado frente a Leticia, tratando de mantener la calma mientras ella lo taladraba con la mirada. Estaba haciendo todo lo posible para calmar a Leticia. Pero su motivación en todo eso, era proteger a Elena.—Leticia, por favor —dijo, con voz firme pero serena—. Entre Elena y yo no hay nada. No ha habido nada. La recomendé porque era la mejor opción para cuidar a tu madre. Gracias a ella, Camila está viva, está lúcida. Elena ha sido profesional, discreta, entregada...no entiendo tus celos y este arrebato de repente. Más en la situación por la que está atravesando tu familia en estos momentos.Leticia cruzó los brazos, conteniendo una sonrisa amarga.—¿Y eso qué tiene que ver con que me ignores desde hace semanas? ¿Qué no me toques? Hace mucho que no me tocas Alejandro.—No es eso —respondió él, tragando saliva—. Estoy tratando de mantener todo bajo control. Tu padre, el caos que viene, el j
Iván volvió a tocar, golpeando más fuerte. Nada. Ninguna respuesta desde el interior de la casa.Frunció el ceño, y giró la cabeza hacia la caseta de los vigilantes. Giro el vehículo hacia ellos y empezó a llamar su atención con la bocina y las luces. Salieron de inmediato de la caseta e Iván les hizo señas para que se acercaran.Uno de ellos trotó hasta donde estaba Iván.—¿No hay nadie?—No. Las luces están encendidas, pero nadie responde. Es raro, ¿no? —preguntó Iván, con la voz cargada de preocupación.El vigilante asintió.—La señora Clara salió hace poco en su vehículo, pero debió quedar la joven Valeria con la señora que la cuida. Espere aquí, voy a dar la vuelta para revisar la parte trasera.Iván lo siguió a cierta distancia mientras el guardia bordeaba la casa, iluminando con su linterna los alrededores de la casa. Al llegar a la parte de atrás, notó que en la cocina había una luz encendida. También pudo escuchar música que sonaba en el interior.El vigilante golpeó con fuer
Clara entró cargando una caja de pizza, sonriente, empapada por la lluvia.—¡Valeria! ¡Mira lo que te traje! ¡Princesa, sorpresa! ¡Traje tu pizza favorita!—canturreó, esperando la respuesta alegre de siempre. Pero no hubo ningún grito de emoción. Ninguna risita. Ningún sonido.El silencio la golpeó de lleno. Sus palabras quedaron flotando en el aire. Se detuvo, extrañada por el silencio. Algo no estaba bien. Las risas, los gritos de alegría habituales de Valeria no llegaron.Clara frunció el ceño, avanzó hacia el interior, su mirada recorrió la sala, y fue entonces cuando lo vio: el cuerpo de Martha, tendido en el suelo, con una mancha de sangre oscura expandiéndose bajo su cabeza.Soltó la pizza, corrió hacia donde estaba la enfermera por puro instinto, pero apenas toca su cuerpo, siente el pánico erizándole la piel.—¡Dios mío! —Exclamó Clara, con el corazón a mil. —¡No… no, no, no! –El terror se apoderó de ella cuando, al alzar la vista, comprendió que algo estaba terriblemente mal
El viento comenzaba a agitar las copas de los árboles, y las primeras gotas de lluvia de la noche caían sobre el asfalto del condominio cerrado donde vivía Valeria. Esteban Ríos, al volante de su vehículo oscuro, observaba el reloj con calma perversa. Sabía que el pedido de pizza estaba por salir. Lo había planeado todo con precisión. En cuanto vio la moto del repartidor saliendo del lugar empezó a seguirlo. Después de dejar un pedido, se percató que de encaminó hacia la calle empedrada que conducía hacia el lugar que él esperaba. Esteban sonrió con una mezcla de frialdad y goce macabro.Aceleró y sobrepasó la motocicleta, Unas calles más adelante, fingiendo una avería, detuvo su vehículo a un lado de la vía y, cuando el joven domiciliario se detuvo para preguntarle si necesitaba ayuda, Esteban bajó la ventanilla, asomó la cabeza con una expresión amable y le hizo una señal para que se acercara. El muchacho, confiado, ya que era un sector tranquilo y seguro que él conocía muy bien, de
Y en algún otro lugar de la ciudad, muy lejos de la aparente calma de la mansión, Valeria Duarte, ajena al peligro que se cernía sobre ella, sin sospechar el oscuro destino que, como una sombra la perseguía reía mientras daba unos pasos de baile tarareando una canción pop que escuchaba con los audífonos puestos.El celular vibró en su bolsillo. Lo sacó con una sonrisa. Era Clara."Princesa, ya sé que hoy toca tu pizza favorita. Te la mando dentro de un rato, perdona que no pueda ir. Sabes que te quiero montones."Valeria sonrió, casi podía saborear el sabor del queso fundido y la masa crujiente. Imaginaba ya el aroma al abrir la caja de pizza cuando llegara a su casa. Le respondió con un emoji de corazón y un "¡Gracias, Clari! ¡Te amo!". No tenía idea de que aquello, tan simple y cotidiano, había sido la grieta por la que el monstruo había entrado. Valeria solo pensaba que era un simple gesto de cariño. Ninguna de las dos sospechaba que aquella costumbre inocente y de afecto genuino h





Último capítulo