Mundo ficciónIniciar sesiónEn un mundo donde los Alfas nacen para dominar y las hembras existen para obedecer, Greta Caris es la excepción que todos temen. Hija del temible Alfa Baltazar, nació con el alma rota en dos: una hembra Alfa con un lobo macho tan poderoso que podría desafiar a cualquier líder del continente. Pero su secreto es una sentencia de muerte. Cuando su padre intenta obligarla a casarse, Greta huye al único territorio donde jamás quiso poner un pie: la manada del Alfa Theodore Lane, el hombre que detesta más que a nada en el mundo. Theo también carga un destino prohibido. Él, un Alfa implacable, goza de la fuerza de una loba. Una compañera feroz, salvaje, que despierta solo para proteger a un amor imposible. Y el universo, cruel y exacto, decide unir lo que nunca debió existir: la loba de Theo es la compañera del lobo de Greta. Un vínculo destinado… y condenado. Mientras las manadas exigen una unión. Mientras los padres quieren dominar sus vidas. Mientras los lobos reclaman lo que es suyo… Los humanos se niegan, luchan, se odian. Porque Greta y Theo no pueden aceptarse. Porque el amor entre lobos no siempre es amor entre humanos. Porque un Alfa jamás se arrodilla ante otro, menos ante una hembra rebelde que no le obedece. Y sin embargo… El destino ya los marcó. Esta no es una historia de luna y paz. Es una guerra entre almas. Entre verdades prohibidas. Entre humanos que se odian y lobos que se reclaman. Es la historia entre el secreto de un alfa y su luna rebelde.
Leer másEl aire en el subsuelo de la mansión era espeso, casi irrespirable.Las antorchas colgadas en las paredes daban una luz temblorosa que hacía que las sombras se movieran como criaturas vivientes. En el centro, encadenados de pies y manos, los trece traidores capturados se retorcían y gruñían como animales rabiosos.Theo estaba de pie frente a ellos, su aura Alfa envolviendo la sala como una tormenta que amenazaba con desatarse. A su lado, Greta permanecía inmóvil, los brazos cruzados, la mirada afilada como una hoja recién forjada.Rafael y Lana custodiaban la entrada, atentos, tensos.Pero toda la sala cambió cuando Alaric, el padre de Theo, descendió por las escaleras.Su presencia imponía respeto.Su mirada fría dejó claro que aquella no sería una simple interrogación.—¿Dónde estaba el antiguo alfa cuando los traidores atacaron? —murmuró uno de los soldados de guardia.—Trabajando en el límite este —respondió Lana—. Recibió el aviso y vino de inmediato.Alaric caminó hacia los pris
La mañana llegó cargada de una tensión que casi podía palparse en el aire.Elara, completamente recuperada, caminaba entre Theo y Greta hacia la arena. A sus espaldas venían Rafael y Lana, atentos, silenciosos, como si supieran que ese día marcaría el primer gran paso hacia la guerra.La orden había sido clara:Entrenamiento general para toda la manada.Todos debían presentarse. Sin excusas.Para los traidores…—No hay mejor trampa que aquella donde creen estar a salvo —había dicho Elara la noche anterior.Greta había sonreído con esa sonrisa feroz que solo mostraba cuando estaba a punto de destruir algo.La arena estaba llena. Guerreros, omegas, rastreadores, incluso algunos ancianos que querían observar. En el centro, la tierra brillaba bajo el sol, suave y cálida.Elara se detuvo, respiró profundo y murmuró:—Aquí la Luna podrá guiarme con claridad.Theo dio un paso al frente. Su aura Alfa se expandió de inmediato, obligando a todos a adoptar una postura respetuosa.—Hoy entrenarem
La noche había caído sobre la mansión del Alfa.No era una noche normal.No había risas, ni música, ni el murmullo habitual de las familias caminando por los pasillos.Parecía que incluso las paredes contenían la respiración.En la sala principal, iluminada solo con el fuego de la chimenea, estaban reunidos los pilares que decidirían el destino de la manada:Theo, de pie, de brazos cruzados, con el aura blanca de Bark vibrando bajo su piel.Greta, sentada a su lado, tranquila pero con los ojos encendidos por el poder de Azura.Elara, con su bebé dormido en brazos, envuelta en una manta azul brillante.Rafael, caminando de un lado a otro, inquieto, con energía contenida.Lana, sentada en el sofá con postura firme, como si pudiera saltar y atacar en cualquier segundo.La tensión en la sala era tan densa que casi podía cortarse con un cuchillo.Elara fue la primera en romper el silencio.—Son trece. Y todos están infiltrados desde hace meses… quizá años. Si no los detenemos esta noche, e
El cielo estaba despejado, aunque una neblina ligera recorría la plaza central de la manada, como si el bosque contuviera el aliento.Era la víspera de la guerra, aunque nadie lo decía en voz alta.La Luna llena colgaba en el firmamento como un ojo blanco vigilante.Los miembros de la manada comenzaron a reunirse en silencio.Familias completas. Guerreros. Omegas.Todas las generaciones juntas, formando un círculo inmenso alrededor de la fuente principal.En el centro, sobre una plataforma de piedra antigua, estaban los cuatro pilares del poder:Theo, imponente, tranquilo pero con el aura del Alfa Blanco vibrando bajo su piel.Greta, a su lado, fuerte, firme, con Azura brillando en sus ojos.Elara, de pie entre ellos con los ojos cerrados de cara a la Luna, recibiendo su luz.Rafael y Lana, detrás, vigilantes, con el pequeño Liam bajo su cuidado mientras Elara trabajaba.El murmullo de la multitud se apagó cuando Theo levantó la mano.—Hoy —dijo con voz profunda— nuestra manada conoce
La sala principal del escondite de Arkan estaba sumida en sombras. Solo unas antorchas parpadeantes iluminaban las paredes de piedra, proyectando figuras deformes que parecían moverse con vida propia. El aire olía a humo, sudor… y desesperación.Uno de sus espías—un hombre nervioso, delgado, con la piel marcada por cicatrices—esperaba de rodillas frente a él, temblando.Arkan se mantenía de pie, inmóvil, con las manos apoyadas en el borde de su mesa de mapas.Sus nudillos estaban blancos.Sus ojos rojos brillaban con furia contenida.—Repite lo que dijiste —ordenó Arkan, con voz baja… demasiado baja.El espía tragó saliva.—S-señor… el Alfa Theo no murió con el veneno porque… porque su lobo no era un macho.Arkan se giró lentamente, clavando la mirada en él.—¿Qué estás diciendo?—S-señor, su lobo era… era una hembra. Una loba. El veneno estaba preparado para matar a un macho Alfa, por eso no funcionó. El macho… el lobo Alfa primordial… lo tenía la Luna Greta.Arkan sintió un latido v
La arena estaba llena. Guerreros, betas, jóvenes, incluso algunos ancianos, todos querían ver entrenar a su Alfa y a su Luna despues de ver a Bark entrar a la manada hace algunas noches.Rafael ya estaba jadeando, con las manos en las rodillas, después de intentar derribar a Theo tres veces sin éxito.Theo lo miraba con una sonrisa confiada.—Vamos, Beta —provocó Theo—. ¿Eso es todo lo que trajiste de tu viaje?Rafael gruñó y volvió a atacarlo… solo para que Theo lo tomara de un brazo, girara con facilidad y lo lanzara por los aires como si fuera un cachorro.¡BAM!Rafael cayó de espaldas, levantando polvo en todas direcciones.Greta, apoyada en la baranda, intentó contener la risa.No lo logró.—Ay Theo… —dijo entre risas— ¡métete con uno de tu tamaño, Alfa!Theo le guiñó un ojo.—Ven amor… ya estoy listo para ti.Rafael se levantó, frotándose la espalda.—¡Aplastalo, Luna! —gritó señalando a Theo con indignación fingida— ¡Venga mi honor! ¡Demuéstrale quién manda de verdad!Greta lev
Último capítulo