La manada ya estaba activa cuando Theo y Greta cruzaron el límite del territorio.
El aroma a madera, pan recién horneado y tierra húmeda los recibió como un abrazo.
En el centro del patio, Lana caminaba lentamente mientras sostenía de las manos al pequeño Liam.
El niño, decidido y orgulloso, daba pasos torpes intentando caminar solo.
—¡Mira, mira! —dijo Lana riendo cuando vio llegar a la pareja—. Ya quiere dominar el mundo.
Liam soltó una carcajada infantil al ver a Theo.
—Llegaron —dijo Lana c