El amanecer llegó con un aire pesado, cargado de murmullos.
Toda la manada se movía entre preparativos, flores, estandartes y alfombras.
El anuncio del compromiso del Alfa Theodore había corrido como un incendio.
Nadie hablaba de otra cosa.
Greta, desde la ventana de su habitación, observaba la agitación con el estómago hecho nudos.
El sonido de los tambores de bienvenida la hacía querer vomitar.
Bark estaba silencioso dentro de ella, demasiado consciente de lo que se avecinaba.
“No puedes huir