Había pasado una semana.
Greta y Theo habían dominado su energía. La energía de la luna se mezclaba con la energía primordial del alfa con naturalidad, como si siempre hubieran estado destinadas a encontrarse. Ya no era inestable ni explosiva; fluía entre ellos como un río que conoce su cauce.
Elara los observaba con evidente satisfacción.
Pero esa mañana traía algo más.
Sostenía un libro antiguo bajo el brazo, encuadernado en cuero oscuro, con símbolos grabados en la tapa.
—Bajo la premisa de