Pasaron los días y Greta se bañaba ya fuera del celo. El vapor llenaba el pequeño cuarto mientras el agua recorría su piel relajada, sin aquella urgencia que la había consumido antes.
Theo se acercó por detrás y pegó su cuerpo al suyo, envolviéndola con sus brazos. Besó su hombro con suavidad, esta vez sin hambre, sin prisa. Solo cariño.
—Mi luna… estos fueron los mejores días de mi vida. No los cambiaría por nada.
Greta suspiró, apoyando la cabeza hacia atrás contra su pecho.
—Igual pedimos ti