Los caballos avanzaban a paso tranquilo.
El bosque se abría frente a ellos con tonos dorados y verdes, iluminado por la última luz del atardecer.
Greta cabalgaba a la izquierda.
Theo a su lado.
Sus rodillas casi se rozaban.
El sonido de los cascos contra la tierra marcaba un ritmo constante… firme… decidido.
Durante varios minutos ninguno habló.
Pero el peso de las palabras de la reina seguía entre ellos.
Greta fue la primera en romper el silencio.
—¿Qué crees de lo que dijo la reina?
Theo mant