Mundo de ficçãoIniciar sessãoDespués de tres años de matrimonio con Damián Villalobos, Lía Montiel pensaba que eran la pareja perfecta. Al menos, en la intimidad, todo fluía de maravilla. Con el tiempo, se dio cuenta de que esa conexión solo existía entre las sábanas. Para él, su prioridad siempre fue Celeste Navarro, esa hermana adoptiva que representaba su eterno amor platónico. Harta de ser siempre el segundo plato, Lía empacó sus cosas, abandonó la casa y le pidió el divorcio. *** A los ojos de la alta sociedad, ella no era más que una interesada que había trepado hasta la cima por pura astucia; todos juraban que era cuestión de tiempo para que Damián se cansara de ella y la echara a la calle. Mientras todos se frotaban las manos esperando ver su estrepitosa caída, ocurrió algo impensable. Alguien vio al impecable Damián en un callejón oscuro, de rodillas ante una mujer. Le besaba los dedos con desesperación, con la mirada empañada por la angustia y una humildad que nadie le conocía, como si fuera un pecador buscando el perdón. —Lía, por favor... No me dejes.
Ler maisLa rabia de Lía estalló y se le subió a la cabeza. Levantó la rodilla y le dio una patada fuerte en el muslo.—Maldito perro, si sigues de cínico, te voy a llevar al veterinario para que te castren.Damián rio entre dientes, con un tono burlón.—¿No te la pasas diciéndole a todo el mundo que te quieres divorciar? Si no me ayudas a hacer la tarea, no vas a quedar embarazada. Te quedarás atrapada en la cárcel de este matrimonio, obligada a que nos veamos la cara con asco hasta que nos muramos.Lía lo miró fijamente y sintió que, hasta ese momento, no había terminado de conocerlo.Él nunca la había querido; para él, ella solo era sexo, una herramienta para continuar con el linaje de la familia Villalobos.Su mirada se volvió indiferente, sin rastro de deseo.—En serio me das asco.Él no se molestó. Al contrario, le dio un beso en los labios mientras sus ojos color café oscuro brillaban con una chispa provocadora.—¿Y qué vas a hacer? No puedes divorciarte, así que vas a tener que aguantar
Santiago miró a Lía y luego a Damián; le parecía que el capitán se comportaba de forma extraña siempre que ella estaba cerca.Vanessa también notó esa vibra extraña. Le preocupaba que, ahora que Lía sabía quién era realmente Damián, intentara aprovecharse de la situación. Se apresuró a dispersar a la multitud.—Ya váyanse, vuelvan a lo suyo. Estoy segura de que el departamento de aviación tomará cartas en el asunto pronto. No van a permitir que alguien como ella se salga con la suya mientras nosotros, que sí seguimos las reglas, nos quedamos mirando.Poco después, el pasillo quedó en calma.Damián no respondió a la pregunta; consultó su reloj y se fue en silencio.En el lugar solo quedaron Lía y Vanessa.Vanessa se tomó el atrevimiento de responder por él.—La señorita Celeste es la esposa del capitán, y él la adora. Es obvio que no va a permitir que pase por un mal rato por tu culpa. En cuanto a ti, no eres nadie. No le llegas ni a los talones a Celeste.Lía le lanzó una mirada fría.
Vanessa se tapó la cara, con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa.—¿Cómo te atreves?Se lanzó contra ella para intentar arañarla. —¡Maldita! ¡Te voy a matar!Lía le sujetó el cabello con una mano y le inmovilizó las manos con la otra; en un par de movimientos la dejó sin oportunidad de defenderse.Alguien no pudo quedarse callado y saltó a favor de la otra: —Te pasaste. No solo estás fumando donde no debes, sino que además te pones a dar golpes.—Ya les dije que yo no estaba fumando —explicó Lía—. Alguien puso ese cigarrillo en mi casillero con mala intención.Apretó el agarre sobre Vanessa, aumentando la presión. —Y tengo razones de sobra para pensar que fue ella, porque antes de que abriera el casillero, estaba gritando que se encargaría de arruinarme la reputación.Los murmullos empezaron a escucharse por todos lados.Muchos dudaron al escucharla. Lía no era una novata, sino una sobrecargo experimentada que llevaba años en el departamento. Sabía que estaba prohibido f
—¿Sabes quién es Celeste? Es la hija adoptiva de la familia Villalobos, los dueños de Grupo TerraNova. Dicen que la consienten muchísimo y, por si no lo sabías, ellos son los principales inversionistas de esta división aérea. Por mucha influencia que tenga ese ejecutivo que te respalda, ¿crees que pueda superar al poder de los Villalobos?Vanessa continuó con su amenaza, siguiendo a su rival muy de cerca.—Imagina qué pasaría si le cuento todo y ella decide reportarte. ¿A quién crees que le creerán? ¿A ti o a un miembro de la familia más poderosa del país? Te aseguro que te despedirían.Lía escuchaba aquel discurso sin detenerse, caminando con paso firme hacia los casilleros. Su compañera no se rendía y seguía parloteando junto a su oído.—Y te digo más: el Capitán Villalobos es el hijo de los dueños de TerraNova, y Celeste es su mujer. Tengo una relación excelente con ella, así que no tardaré mucho en recuperar el lugar que me corresponde. ¡Estás acabada, Lía!Ella se detuvo y la miró
—Entre hombres nos conocemos, Lía. Un patán nunca cambia por más que lo jure, y como hoy en día los divorcios son de lo más común, con lo guapa que estás no te va a faltar quien te pretenda. No tiene caso que desperdicies tus mejores años con un tipo que no vale la pena.Ella mostró una sonrisa radiante, luciendo más segura que nunca.—Pienso exactamente lo mismo, por eso decidí divorciarme.Santiago le dedicó un gesto de aprobación con el pulgar arriba.—Esa es mi jefa; siempre con los pies en la tierra.Matías también se unió a la conversación:—Pues felicidades, ya te hacía falta librarte de ese suplicio.Damián sintió coraje que le apretaba el pecho. Azotó su bitácora contra la mesa de juntas y les lanzó una mirada fulminante.—Esta reunión es para preparar el vuelo, no para que se pongan a chismear. ¿O ustedes dos también quieren que los ponga a escribir un reporte de disciplina?Ambos negaron con la cabeza.Santiago hizo un gesto como si se cerrara la boca con un cierre.Damián s
Lía respiró hondo y apartó la mirada. Cuando logró recuperar un poco la calma, habló con un tono más razonable:—Si todavía te queda dignidad, divórciate de mí de una vez.Damián seguía aferrado a la maleta blanca. Intentó arrebatársela, pero no lo consiguió; él la sujetaba con una fuerza desmedida.—Dámela.Damián soltó el asa, pero le dio una patada a la maleta, mandándola a varios metros de distancia.¡Pum!El equipaje golpeó contra la esquina de la pared y quedó tirado de lado en el suelo. El estruendo terminó con el silencio de la madrugada, dejando salir la furia incontenible que lo dominaba.Él la miró por encima del hombro, con una actitud despreciativa. Su voz sonó amarga al responder:—Este perro no entiende el lenguaje de la señorita Montiel.***Incluso después de llegar al aeropuerto de Silícea en taxi, Lía seguía sintiendo un ligero malestar en las sienes. Discutir resultaba agotador y terminaba destrozándole los nervios.En el exterior, una llovizna persistente comenzaba
Último capítulo