Capítulo 4
El cielo comenzaba a oscurecer cuando Lía llegó a la dirección que Luca le había enviado.

Frente a la puerta del pequeño departamento, la recibió un hombre que no conocía. Tenía la piel bronceada, una musculatura imponente y era bastante alto y robusto. Lía se quedó helada, pensando que quizá se había equivocado de número, hasta que Luca asomó la cabeza por detrás de él con una mano en la cintura.

—Te presento a mi nuevo novio, Rocco. Es entrenador personal.

Mientras hablaba, le dio un apretoncito al bíceps del hombre.

—Míralo, ¿no crees que está mucho mejor que el Capitán Villalobos?

Lía no supo qué decir. A diferencia de ese tipo que parecía un fisicoculturista de exhibición, ella prefería la complexión de Damián. Él tenía cada músculo en su lugar, con hombros anchos y una cintura firme; de esos que se ven bien con ropa, pero mucho mejor sin ella.

Se limitó a sonreír con timidez y saludó al invitado.

—Mucho gusto.

Rocco asintió de forma amable y tomó la maleta de Lía para llevarla a la habitación pequeña. Luca notó que su amiga aún se sentía algo fuera de lugar.

—Puedes estar tranquila, ni a mi amorcito ni a mí nos interesas de esa forma. No eres nuestro tipo.

Físicamente eran distintos, pero en confianza, se llevaban como mejores amigas. Gracias a ese comentario, ella logró relajarse. Luca le rodeó los hombros con el brazo y le preguntó en voz baja:

—¿Te saliste de tu casa porque te peleaste con el Capitán por culpa de la tal Celeste?

Lía negó.

—Nos vamos a divorciar.

—¿En serio es por ella?

En parte sí, pero no era el único motivo. Aquella noche de descontrol con Villalobos terminó en los titulares de todos los medios. Aunque el equipo de relaciones públicas de Grupo TerraNova actuó rápido, el escándalo ya era el tema principal en los círculos sociales de Silícea.

Poco después, Eugenia la buscó para obligarla a firmar un acuerdo prenupcial que estipulaba el divorcio tras tres años de matrimonio. En aquel entonces, Lía no sabía que Damián tenía una protegida a la que adoraba. Para demostrar que sus sentimientos eran sinceros y que no buscaba su fortuna, firmó sin dudarlo.

Ahora, en retrospectiva, se arrepentía un poco. Al final, no pudo quedarse con el hombre que amaba y, si hubiera negociado mejor las condiciones, ahora tendría una buena compensación económica.

“Al menos ese dinero sería mío”, pensó.

—Ay, Lía. —Luca suspiró y le dio unas palmaditas en el hombro, creyendo que estaba sufriendo por amor—. Pues que se vaya al diablo, hombres hay de sobra.

Rocco salió del cuarto y apoyó el comentario.

—Es más fácil encontrar un trébol de cuatro hojas que un buen hombre, pero con lo guapa que es, tendrá de dónde escoger.

Lía aguantó la risa y asintió. Los tres se sentaron alrededor de la mesa para cenar unos tacos que habían pedido y la confianza creció rápidamente entre ellos.

***

Al día siguiente, Luca tenía un vuelo temprano y se levantó a las cinco de la mañana. Al pasar frente a la habitación de invitados, vio la puerta abierta y notó que su amiga ya estaba despierta, maquillada y con el uniforme puesto.

—¿Qué haces? ¿No se supone que estabas de vacaciones? —preguntó, extrañado.

—La abuela de una compañera falleció y me pidió que cubriera sus turnos, así que le cambié los días.

Terminó de aplicarse el polvo traslúcido, guardó su maquillaje y tomó su maleta. Luca observó sus movimientos ágiles con más confusión.

—Según recuerdo, ya llegaste al límite de horas de vuelo de julio, ¿no?

—Todavía puedo hacer un par de rutas internacionales cortas. No tiene caso quedarme descansando, prefiero ganar más dinero.

Él la miró con tristeza. Sabía que ella siempre trabajaba hasta el cansancio, literalmente arriesgando su salud por el trabajo.

—Dame cinco minutos para arreglarme y te llevo. Es muy temprano, aprovecha para dormir un poco en el camino.

Lía aceptó.

Dos días después, tras haberse mudado, Lía jamás imaginó que se encontraría de nuevo con Damián en una sala de juntas del aeropuerto de destino. Al abrir la puerta, lo vio sentado en la cabecera de la mesa.

Llevaba el uniforme oscuro de capitán y el cabello corto peinado. Se veía imponente. Fue una mala jugada del destino; aunque ambos trabajaban en la misma aerolínea, la asignación de tripulaciones y pilotos suele ser aleatoria debido a los roles de descanso. Era la primera vez en todo el mes que les tocaba el mismo vuelo.

En cuanto entró, la mirada de Damián se clavó en ella. Sus ojos mostraban una actitud indiferente mientras la observaba con intensidad. Lía tomó asiento e ignoró la presión que sentía por su presencia.

—Tenemos doscientos sesenta pasajeros en este vuelo, incluyendo doce bebés que requieren atención especial. Hay dos personas en primera clase que solicitaron menú vegetariano y para el resto serviremos un refrigerio ligero...

Lía dio el reporte de la cabina con fluidez. Santiago, el copiloto sentado frente a Damián, le hizo señas discretas a Matías para que viera la actitud del capitán. El Capitán mantenía una actitud dura, sin quitarle la mirada de encima a la sobrecargo, como si quisiera marcarla con la mirada.

Los copilotos se miraron entre sí, confundidos. El Capitán Villalobos nunca se quitaba el anillo de bodas y todos pensaban que adoraba a su esposa, pero la forma en que miraba a la jefa de cabina era demasiado agresiva. ¿Será que le atraía Lía?

Al terminar la reunión, ella salió de ahí lo más rápido que pudo. Mientras caminaba por el pasillo de cristal que conectaba con el avión, escuchó unos pasos que se acercaban. Intentó apresurar el paso, pero Damián la alcanzó y la sujetó con fuerza de la muñeca.

—¿Por qué huyes? —preguntó él, autoritario—. ¿Me tienes miedo o es que tienes la conciencia sucia?

Lía se dio la vuelta y levantó el mentón.

—Se equivoca, Capitán. Solo quiero llegar rápido a mi puesto.

Tac, tac, tac...

En el pasillo vacío solo se escuchaba el eco de sus pasos. Damián se inclinó lentamente hacia ella hasta quedar cerca de su oído. Lía contuvo el aliento, tratando de ignorar cómo se le aceleraba el corazón mientras sentía el calor de su respiración.

—¿Qué significa la demanda de divorcio que dejaste en la mesa? —le susurró al oído.

Mantuvo una actitud indiferente y dio un paso atrás para marcar distancia.

—Significa exactamente lo que dice el papel. ¿Cómo le explico a un tipo con el coeficiente intelectual tan bajo como el suyo lo que es un divorcio?

Damián mostró su enfado. Sabía que ese no era el lugar para discutir, así que, a modo de castigo, le dio un apretoncito juguetón en la mejilla.

—Te espero en el estacionamiento del aeropuerto de Silícea —sentenció antes de adelantarse hacia el avión.

Aunque el gesto no fue doloroso, sino más bien atrevido, Lía se puso furiosa.

—¡Hijo de...! ¡Me arruinó la base del maquillaje!

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