Capítulo 30
La rabia de Lía estalló y se le subió a la cabeza. Levantó la rodilla y le dio una patada fuerte en el muslo.

—Maldito perro, si sigues de cínico, te voy a llevar al veterinario para que te castren.

Damián rio entre dientes, con un tono burlón.

—¿No te la pasas diciéndole a todo el mundo que te quieres divorciar? Si no me ayudas a hacer la tarea, no vas a quedar embarazada. Te quedarás atrapada en la cárcel de este matrimonio, obligada a que nos veamos la cara con asco hasta que nos muramos.

Lía
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