Cuando los dedos de él rozaron el frasco, Lía se adelantó y lo recogió, ocultando la etiqueta con la mano.
En los ojos de Damián apareció un brillo extraño que desapareció; mantenía la sonrisa, aunque su voz sonaba dura.
—¿Qué medicinas son esas?
—No es nada.
Se sentía como si la hubieran atrapado haciendo algo malo. Sin atreverse a mirarlo, caminó hacia el perchero y guardó el frasco en el compartimento más profundo de su bolso.
—He tenido malestar en el estómago y el doctor me recetó algo.
Dam