Mundo ficciónIniciar sesión¿Qué haces cuando vas a alquilar un novio falso para humillar a tu ex y terminas contratando por error al soltero más codiciado del país? Bianca Serna solo quería salvar su orgullo, pero debido a una confusión en un edificio corporativo, desafía a Ezra Vardan, el frío y arrogante magnate hotelero. Divertido por su audacia y presionado por su familia para casarse, Ezra acepta la farsa y le propone que sea su prometida por seis meses para tranquilizar a su padre y al consejo de administración, quienes le exigen comprometerse con una heredera superficial para asegurar las acciones en Europa. Aunque Bianca rechaza su fría propuesta inicial y huye, su ex novio ejecuta una venganza implacable que destruye su estudio de diseño y la deja al borde de la ruina. Acorralada por deudas que no puede pagar sola y dándose cuenta de que la advertencia de Ezra era real, Bianca se ve obligada a buscarlo en su imponente torre para firmar el contrato de matrimonio falso. Bajo cinco reglas estrictas de convivencia en un lujoso penthouse y la prohibición absoluta de enamorarse, la farsa se transformará en una obsesión donde el primero en confesar sus sentimientos... lo perderá todo.
Leer más—Suéltame, Ezra. Me voy de aquí ahora mismo —le siseé entre dientes, intentando zafar mi muñeca de su agarre con un movimiento brusco. Mi corazón martilleaba mi pecho con una violencia incontrolable. Todo esto era una locura.Antes de que pudiera gritar o armar un escándalo en medio de los pasillos principales, las puertas laterales se abrieron y un asistente de la corporación, vestido con un traje formal y sosteniendo una pantalla digital, entró corriendo con el rostro empapado en sudor y una expresión de pánico absoluto.—¡Señor Vardan! Qué bueno que lo encuentro —dijo el asistente, respirando de forma entrecortada debido a la prisa—. La prensa local se enteró de que usted está aquí acompañado de una señorita en un evento privado. Hay decenas de reporteros de revistas financieras y de sociedad exigiendo una declaración oficial en la alfombra roja del salón principal. Su padre también está en la línea telefónica ahora mismo.Las acciones de la corporación están fluctuando en el merca
El sonido de nuestros pasos sobre el mármol del vestíbulo del hotel quedaba ahogado por el murmullo de la música de fondo y las risas de los invitados que ya se dirigían al gran salón de eventos. El agarre de Ezra en mi cintura no había flaqueado ni un solo milímetro desde que bajamos del auto.Al contrario, cada vez que un fotógrafo o un desconocido se nos quedaba mirando de más, sus dedos se presionaban con una sutil firmeza contra mi cadera, como si estuviera recordándole a todo el universo que yo le pertenecía. Esa cercanía forzada me estaba volviendo loca.Podía sentir el calor de su cuerpo filtrándose a través del satén negro de mi vestido, y el aroma de su loción me nublaba el juicio a cada segundo. Intenté respirar hondo, recordándome que todo esto era una transacción comercial, pero el porte de Ezra me lo ponía sumamente difícil. Caminaba con una elegancia tan natural, tan despectiva con el entorno, que no parecía estar interpretando un papel.Parecía un rey recorriendo sus d
El segundero del reloj de mi pared avanzaba con una lentitud que me tortuaba. Eran las siete y veinticinco de la noche del sábado. Llevaba más de una hora caminando de un lado a otro sobre la alfombra gastada de mi sala, desgastando los tacones de mis zapatos nuevos y preguntándome, por milésima vez, en qué clase de locura autodestructiva había invertido los últimos ahorros de mi vida. Frente al espejo del pasillo, me detuve a mirarme.El vestido que había elegido era mi última arma de guerra. Era un diseño largo, de satén negro, que se ceñía a mi cuerpo como una segunda piel. Tenía un escote sutil pero elegante en la espalda y una abertura lateral en la pierna derecha que revelaba la cantidad justa de piel cada vez que daba un paso. Me había recogido el cabello en un moño alto, dejando unos mechones sueltos para enmarcar mi rostro, y mis labios estaban pintados de un rojo intenso, el color de la guerra.Físicamente, parecía una mujer segura de sí misma, lista para devorarse el mundo
En el segundo en que la palabra “Acepto” salió de sus labios perfectos, una alarma de pánico comenzó a sonar con fuerza en mi cabeza.El hombre frente a mí se guardó el sobre con mis cinco mil dólares en el bolsillo interior de su saco gris con una lentitud exasperante. No contó los billetes. Ni siquiera los miró. Ya sabía con el peso en su mano la cantidad que había. Se limitó a sonreír de esa manera lenta y peligrosa que me hizo dar un paso atrás, arrepintiéndome instantáneamente de mi impulsividad.¿Qué acabo de hacer?, pensé, sintiendo un escalofrío. Acababa de entregarle el dinero de mi renta a un completo desconocido. Sí, era el hombre más atractivo que había visto en mi vida, pero su mirada tenía una frialdad que no encajaba con el perfil de un actor desempleado que busca ganarse la vida. Una locura total. Había algo en él, que me imponía demasiado respeto. Muchas poder.—Bien— dije, aclarando mi garganta y tratando de recuperar el control de la situación—. Tratando de demostra
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