Di un paso atrás de inmediato, fingiendo que revisaba las las páginas que estábamos anexando al documento, y que estaban aun sobre la elegante carpeta.Mis ojos pasaron rápidamente una vez más, por las cláusulas de financiamiento de mi estudio y el anexo escrito a máquina, que sus abogados acababan de añadir con mis cinco reglas y su nueva cláusula familiar.Apoyé el documento sobre la mesa de caoba, con un trazo firme, rápido y decidido, estampé mi firma una vez más, en la línea de la derecha.Acababa de vender mi libertad y de ligar mi destino al suyo por los próximos seis meses.Ezra tomó el bolígrafo justo después de mí y, con una caligrafía impecable, aristocrática y dominante, firmó en la línea de la izquierda, sellando nuestro pacto de guerra de forma oficial.—Trato hecho, futura señora Vardan —sentenció, soltando el bolígrafo con un clic seco que resonó en el silencio del penthouse.El eco del clic metálico me dio un vuelco directo en el estómago.—El juego comenzó oficialmen
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