Mundo de ficçãoIniciar sessãoSofía Carson es una joven alegre que vive rodeada de amor y sencillez junto a su novio, Hugo Wilson, un chico humilde que la ama profundamente. Sin embargo, su mundo perfecto se desmorona cuando la empresa de su familia cae en la bancarrota, y su madre, Martha, una mujer ambiciosa y clasista, ve la oportunidad de imponerle un matrimonio de conveniencia con Fernando Davis, un millonario que, en secreto, ha estado enamorado de Sofía desde siempre. Mientras Sofía lucha por mantener su relación con Hugo, deberá enfrentarse a las intrigas de su madre y a los dilemas de un amor prohibido.
Ler maisLa pequeña casa de Hugo estaba lejos de ser lujosa, pero para Sofía, ese modesto espacio se sentía como el único refugio verdadero en el que podía ser ella misma. Las paredes sencillas, la cocina cálida con el aroma de café recién hecho y las luces tenues al atardecer creaban una atmósfera acogedora que la hacía sentirse en casa, mucho más que la mansión que compartía con sus padres. A pesar de la humilde apariencia, para Sofía, estar ahí, junto a Hugo, era el verdadero lujo.
Esa tarde, Hugo se encontraba cerca de ella, acariciando suavemente su cabello mientras ambos se encontraban acurrucados en el sofá. Sus ojos brillaban con un amor que, aunque a veces parecía demasiado grande para lo que el mundo esperaba de ellos, era real. Era un amor puro, sin barreras, algo que no podían negar, aunque lo intentaran.
Hugo, con una delicadeza que Sofía jamás había experimentado, la miraba con una mezcla de ternura y deseo. Sabía lo mucho que ella significaba para él y sentía que no podía dejar pasar la oportunidad de demostrarle cuánto la amaba.
—Sofía... —murmuró él, su voz suave, como si cada palabra fuera un suspiro—. Eres todo para mí. No quiero que nada nos separe, no quiero que me dejes nunca.
Sofía lo miró, sintiendo cómo su corazón latía más rápido. ¿Cómo había llegado a amar a este hombre con tal profundidad? La respuesta era simple. Era Hugo, su refugio en medio de un mundo que no entendía su amor.
Sin embargo, un nudo en el estómago la inquietaba. El amor que sentían el uno por el otro debía permanecer en secreto. Cada tarde, mentía a sus padres, diciendo que tenía que estudiar o que saldría con amigas para poder robar esos momentos a escondidas con él. Cada abrazo, cada beso robado, era una victoria en un campo de batalla que ellos no entendían.
Esta tarde, como tantas otras, Hugo la abrazó con la misma devoción que siempre le ofrecía, y sus labios se encontraron en un beso lleno de promesas y de anhelos. Un beso que no necesitaba ser explicado, porque en ese momento, con él, Sofía no necesitaba nada más. Nada más que este amor tan puro y tan secreto.
Ambos se perdían en el otro, sumidos en una pasión que no podían dejar escapar, sin importar lo que la sociedad pensara de ellos. Pero al final, algo siempre los detenía. La realidad. Y la realidad era que, aunque se amaban con todo su ser, vivían en mundos diferentes.
De repente, el sonido del teléfono de Sofía interrumpió la calma del momento. Hugo se apartó ligeramente, y ella contestó el llamado. No era común que la llamaran a esa hora, y al ver el nombre de su madre en la pantalla, un sentimiento de inquietud se apoderó de ella.
—¿Hola? —dijo con tono tranquilo, pero sabía que algo no estaba bien.
Al otro lado de la línea, la voz de Martha, su madre, estaba temblorosa.
—Sofía, ¿dónde estás? —preguntó con un tono que denotaba preocupación, pero también algo más. Algo que Sofía no pudo identificar al principio.
—Estoy... estoy fuera, mamá. ¿Por qué? ¿Pasa algo?
—Ven ahora mismo a casa. Tu padre está mal. —La voz de Martha se quebró, y Sofía notó la tensión que la envolvía—. No quiero que me hagas esperar más.
El corazón de Sofía dio un vuelco. Se levantó rápidamente, dejándose llevar por el miedo. Sin dar explicaciones a Hugo, salió corriendo de la casa, con las manos temblorosas, el rostro pálido y una angustia que se apoderaba de cada paso que daba.
Cuando llegó a la mansión, la puerta estaba abierta, lo que solo aumentó la sensación de alarma. Al entrar, se encontró con toda la familia reunida en la sala. La primera imagen que vio fue la de su madre, Martha, llorando desconsolada en el sofá, algo completamente fuera de lugar para una mujer como ella, que siempre mantenía una fachada de control absoluto.
Sofía corrió hacia ella.
—Mamá, ¿qué está pasando? —preguntó, preocupada, tomando las manos de su madre entre las suyas.
Martha la miró con un aire de tristeza, pero sus lágrimas no eran las de una madre preocupada por la salud de su esposo. Sofía podía ver la diferencia. Las lágrimas de Martha eran por algo más, por algo que no tenía que ver con el bienestar de Héctor.
—Tu padre... —empezó, su voz quebrada—. Ha tenido un pre-infarto. Se desmayó al enterarse de que la empresa está en bancarrota. Todo está perdido, Sofía... todo.
Sofía se quedó paralizada, incapaz de asimilar la información. La empresa. Todo perdido. Un nudo se formó en su garganta, pero aún así, la prioridad para ella era su padre. Sin pensarlo, se dirigió rápidamente hacia su habitación, donde su padre descansaba, con la respiración entrecortada.
Lo encontró acostado en la cama, pálido y cansado. Su madre no lo había dejado ni un momento, pero Sofía lo sabía, lo intuía: para Martha, la empresa estaba por encima de la vida de su marido. Para ella, la caída de la empresa significaba perder la distinción social que tanto le importaba.
Sofía se acercó a su padre, le acarició la frente y susurró:
—Papá, por favor, recupérate. Yo estaré aquí. No te preocupes por nada más, solo por ti.
A pesar de la gravedad de la situación, en su corazón Sofía se sentía dividida. Sabía que lo de la empresa era importante, pero no podría esperar más para hacer lo que realmente le preocupaba: cuidar a su padre, quien la había criado con amor y sacrificio, a pesar de las presiones de su madre.
Mientras la angustia llenaba el aire, Sofía se preguntaba cómo iba a poder enfrentar todo lo que venía: el futuro incierto de la empresa, la posible recaída de su padre, y el amor que sentía por Hugo, que cada vez se volvía más prohibido.
El amor no se entiende por razones, solo por sentimientos. Y, mientras su madre seguía lamentando la pérdida de estatus, Sofía no podía dejar de pensar en lo único que verdaderamente importaba para ella: Hugo y su padre.
—Lo sabía... mis instintos no podían mentirme. Pero el maldito amor me cegó y no lo tomé en cuenta. —Fernando apretó los dientes mientras los recuerdos de sus dudas lo invadían. En un arranque de furia, arrojó la cristalería sobre la mesa de centro, haciendo que Eliza se sobresaltara. El ruido del vidrio rompiéndose llenó la habitación, una expresión física del caos en su interior.Agotado, Fernando se dejó caer de nuevo en el sofá, sujetando su cabeza con ambas manos. Recordó todas las veces que Sofía lo acusó de tener algo con Eliza, cuando eso jamás pasó, y ahora la ironía lo golpeaba como una bofetada: la descarada se veía en secreto con Hugo.De repente sintió las manos de Eliza masajeando su espalda. No quería su consuelo ni su cercanía; lo único que deseaba era estar solo. Pero el dolor y la rabia nublaban su juicio. Quería olvidar a Sofía, arrancarla de su corazón como fuera necesario, aunque no sabía cómo lograrlo. Sin razonar, cegado por el deseo de vengarse, giró hacia Eliz
Las palabras de su madre las escuchaba a lo lejos, no le interesaban en absoluto, pero cuando mencionó la palabra "casarse", levantó la mirada. Eso no lo iba a hacer. Esta vez no caería en su red ni haría lo que ella quería.—Estás demente —refutó Sofía con fuerza, algo la regresó a la realidad, y fue lo primero que se le ocurrió decir.—¿Ahora me escuchas? —Martha se rió irónicamente y se cruzó de brazos.Sofía se puso de pie, mirándola fijamente.—Si todo esto pasó, fue por tu culpa, por las mentiras que le dijiste a Hugo —gritó la azabache, señalando a su madre como la única culpable. Nadie más, solo ella, era la razón de que todo esto sucediera.—No me vengas a echar la culpa de algo que tú dejaste que se saliera de tus manos —replicó Martha, tajante. Sofía abrió la boca, ofendida. ¿Cuándo sería capaz de al menos aceptar sus errores? Estaba más que claro que nunca.—Ahora te vas a quedar como la perra de las dos tortas, sin uno y sin otro —parecía disfrutar de la situación.—Yo am
Kima se quedó estática, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Al principio pensó que su sobrina estaba delirando; lo que había dicho no podía ser posible.—Pero... Dios, ¿no Hugo estaba muerto? —preguntó, sorprendida por lo obvio. Todos conocían la trágica muerte del muchacho. Pero ahora, al parecer, todo había cambiado.No estaba enterada de nada. O, como siempre, nadie le decía nada. Eso era lo que más le molestaba.—Es una historia complicada, tía Kima —murmuró Sofía, intentando calmar su llanto. Sabía que debía ser fuerte, pero no pudo cuando los recuerdos volvieron a asaltarla. Las imágenes la llenaron de nuevo de dolor, y siguió llorando sin parar.—¿Cómo puede pensar Fernando que le has sido infiel? Si tú lo adoras... —comentó Kima con incredulidad. Todos los que conocían a Sofía sabían que sus sentimientos por Fernando habían cambiado profundamente. No había duda alguna: su sobrina estaba completamente loca por él.Sofía asintió mientras limpiaba las lágrimas con el
—¿Por qué no dijiste la verdad? —le reclamó con desesperación, sus lágrimas cayendo con más fuerza—. Te lo supliqué, Hugo. Pero claro, entiendo que esto era lo que querías desde el principio, ¿no es así? Ahora debes estar feliz. Has logrado tu cometido.—Sofía, no... Yo solo... —Hugo balbuceó, pero no sabía cómo justificar lo injustificable.—Solo te diré algo, Hugo. —La voz de Sofía se quebró, pero sus palabras fueron firmes como el acero—. Nada de lo que hagas, por mucho que creas haber ganado, hará que yo te vuelva a amar.El peso de su declaración cayó sobre Hugo como una losa. Sofía se llevó las manos al rostro, incapaz de soportar más aquella escena. Todo esto era demasiado injusto, una cruel burla del destino.Fernando, que había jurado amarla por siempre, la había condenado con unas simples fotos. ¿Dónde había quedado todo lo que decía sentir por ella? Ahora ya no sabía nada, solo sentía un vacío desgarrador en el pecho.Hugo no dejó que se fuera y la siguió, quería que entend
Yuri sonrió ante su falta de interés y salió de la cocina cuando el timbre de la casa comenzó a sonar. Sofía, completamente satisfecha, llevó su plato al fregadero y se dispuso a ir a ver a su padre. Sin embargo, al llegar a la sala y ver a Hugo ahí, su presión descendió de golpe. No esperaba verlo de nuevo en su casa. No sabía qué quería, pero estaba segura de que no sería nada bueno. Esto solo traería problemas. Era mejor terminar con todo de una vez por todas.—Señorita, la busca el señor Parisi. —El semblante de Sofía se endureció. Sabía que este momento llegaría, que tendría que enfrentarlo. Le diría toda la verdad sobre su madre, aunque no tenía planeado que fuera en su casa. Quizá esto le ahorrara algunas complicaciones, aunque no fuera el lugar más adecuado.—Gracias, Yuri. ¿Nos puedes dejar solos, por favor? —dijo Sofía, sin desviar la mirada de los ojos cautelosos de Hugo.Ya no le dedicaba la mirada condescendiente de antes. Estaba molesta, porque su falta de respeto podría
Después de gastar tanta energía, era importante regenerarla, y qué mejor manera que comiendo. Su bebé le pedía comida constantemente; parecía no tener límite. Pero ¿quién era ella para negarle algo? Desde antes de nacer, ya lo estaba consintiendo.Sería un bebé al que no le faltaría nada, estaba segura. Por un instante, pensó en lo malcriado que podría volverse y se preocupó. Joder, aún no nacía y los constantes pensamientos sobre la crianza empezaban a aparecer en su mente.—Estoy cocinando un flan de chocolate. —Yuri dijo al notar la mirada curiosa de Sofía hacia la estufa, y sonrió—. En unos quince minutos estará listo.Sabía lo que quería y, por supuesto, no le negaría nada. Ahora más que nunca, se aseguraba de alimentarla bien.Sofía ladeó la cabeza, pensativa. Ya lo quería, pero no creía que pasara nada si esperaba quince minutos para comer un poco de ese delicioso flan que olía tan bien. Sabía que la espera valdría la pena; Yuri jamás la defraudaba con su deliciosa comida.♡—T
Último capítulo