El amanecer tiñó de un tono grisáceo los contornos de la planta catorce. Era una transición lenta que se filtraba a través de los enormes ventanales de cristal templado, pero la pálida luz natural del exterior no logró disipar la penumbra densa que dominaba mi despacho presidencial.
El mobiliario de líneas minimalistas y las maderas oscuras absorbían la claridad, manteniendo la estancia en una atmósfera sepulcral. Sostenía una taza de cristal con café amargo entre mis dedos, buscando en el calo