El silencio dentro del gigantesco penthouse de la Torre Vardan se volvió denso.
Ezra se quedó completamente inmóvil durante unos segundos que me parecieron una eternidad. Luego le pidió mi papel a sus abogados. Sus dedos largos y estilizados sostenían la hoja de papel de cuaderno, que había agarrado para leer.
Bajó sus intensos ojos grises hacia las líneas escritas con mi caligrafía apresurada, leyendo cada una de mis condiciones con una lentitud insoportable. El segundero del reloj de pared p