Mundo ficciónIniciar sesiónDespués de ser abandonado por la mujer que amaba, para casarse con otro hombre. La amargura del CEO Volkov se instaló en su corazón, se convirtió en un tirano frio y despiadado con todo lo que le rodeaba, ella se lo había llevado todo de él. Más sin embargo tiene que darle un heredero a su familia y continuar con el legado Volkov, es así que acepta un matrimonio por contrato con otra familia adinerada y la suya. Pero la hermosa Domenica Montana, la hija menor de una familia de alta elite, será su karma, y su perdición. El solamente busca un hijo, pero quizás encuentre de nuevo el amor.
Leer másLa controversia duró por días, las esposas de altos ejecutivos, incluso de jefes de departamentos de grandes conglomerados, anotaron el número del hombre que ofrecía sus servicios. Al parecer era muy eficiente, lo que puso a temblar a todas esas mujeres que andaban de amantes en turno. Así que en los próximos meses se anduvieron con extremo cuidado, y muchas renunciaron a seguir con la aventura que llevaban con esos hombres adinerados. (...) Esa tarde las familias Volkov, y Montana, se reunían en la villa de Lenin y Domenica. El motivo eran los primeros seis meses de vida del pequeño Leo. Sergey, tenía en sus brazos a su nieto. El niño era hermoso, sus cabellitos negros untados y bien peinados, sus redondos ojos azules que iluminaban su linda carita. — Este trajecito te queda muy bien, pequeño Leo, pero veo que la pretina es de elástico, estás muy regordeto, eh. ¿No has pensado dejar de beber tanta leche? — Volkov, mi nieto es perfecto así como está, míralo, se ve tan
Sergey y Lina, siguieron pasándolo bien en el casino, bebían champaña, reían, recordaban viejas anécdotas, y le ganaban a la casa. El hombre tan inteligente, por supuesto que sabia contar cartas, pero lo disimulaba muy bien. Más el que la estaba pasando un poco mal eran ese par de atractivos CEOS, Lenin Volkov, y Emmanuel de Leon. — Leo, ¿Pues que comiste? El pañal se te ha desbordado, con razón no podías dormir, estás muy mojado, bajaré la temperatura, creo que te me estabas congelando, pero como te vi sudar, pensé que tenías calor. El padre primerizo estaba aprendiendo sobre la marcha, había dejado el clima algo bajo, y el niño lo había resentido.Lo cambió lo más rápido posible le puso un enterito abrigador y lo comenzó a arrullar para que se durmiera de nuevo. El niño estaba de lo más cómodo en los brazos de su padre, pero Lenin, no paraba de bostezar y de cabecear. — Leo, pequeño bodoque, ten consideración con tu padre, ¿Por qué eres tan nochero? (...) Del otro
El hombre que yacía en medio del ruso y la bella mujer, de pronto lo entendió todo, ellos eran... — Carajo, eres el esposo infiel, ¿Cierto? ¿Qué haces aquí? ¿La estás acosando? Si ella no quiere hablar contigo no insistas. — No soy infiel, y tú no te metas en lo que monte llaman, cualquier cosa que te imaginaste con mi esposa, borrala de ti mente, primero te asesino antes de permitir que la toques. — ¿Crees que tengo miedo? Soy mexicano, y ya deberías de saber que la mayoría de nosotros estamos en el negocio prohibido. — Por supuesto que lo sé, desmantelé muchas organizaciones ilícitas cuando fui director de la interpol, y sabes, todavía conservo todos esos contactos que destruyen mafias desde los cimientos, Carlos Lara, ¿Lo quieres comprobar? Después de unos momentos de pensarlo, el hombre recogió sus fichas y se pudo de pié. — Lo siento, linda, pero este marido tuyo trae mucho poder, deberías escucharlo, después de todo ya hizo el viaje hasta aquí. — Dicho eso, el h
Lina, sonrió con coquetería natural, no era exactamente que estuviera ligando, solo quería divertirse un poco, olvidarse de que era la elegante y mesurada señora Volkov, quería ser solamente Lina. Pero esa sonrisa hizo que el CEO ruso ardiera de celos. Su mujer, su esposa, estaba ahí frente a él sonriendo tan despreocupada con otro hombre. Apretó los puños y se dirigió a paso de cazador hasta la mesa. El crupier lo vió llegar. El CEO ruso era tan imponente, que su sola presencia infundía respeto, y por qué no decirlo, hasta algo de temor. — Señor, ¿Desea jugar en nuestra mesa? — Si, cambia doscientos mil dólares, esta noche vengo a ganar, y no me iré sin lo que quiero. Apenas Lina, escuchó la grave voz y el acento ruso inconfundible de su marido, sintió que el champaña se le atoraba en la garganta, pero se recomouso casi de inmediato. Después de verlo con otra mujer, no estaba dispuesta a mostrarse vulnerable. — ¡Vaya, señor, usted si que es partidario de las emocione
El CEO, había sido atrapado, pero no le había hecho nada al bebé. Leo, simplemente estaba llorando porque si. — Leo, apenas iba a darme una ducha y ponerme la pijama. Algo me dice que tu abuelo Sergey, no irá a trabajar mañana, y yo tendré que levantarme temprano para ir a la compañía, sé bueno y duérmete, así podré dormir yo. El niño tenía de pronto muchas energías, así que no pensaba volver a dormir tan pronto. Rápidamente lloró pidiendo comida, ya era la hora de su biberón, y lo sabía. — Ya sabes que te toca comer, ¿Cierto? Te prepararé el tetero, pero ten un poco de paciencia, solo puedo utilizar una mano, la otra opción es que te regrese a tu cuna, ¿Cuál prefieres? Pero Leo, no daba tregua, el seguía llorando, pidiendo su biberón. Pronto el padre ya lo mecia sentado en la mecedora acolchada en la que arrullaban al niño. Leo, bebía la leche del tetero mientras observaba a su padre con sus redondos ojos azules. — Pero que niño tan impaciente, me pregunto de donde s
El CEO ruso y Domenica llegaron a la villa De León. Angela, se encontraba en la sala de estar con el bebé solo un mes más grande que Leo. Emmanuel, llegaba también, bajó del Maserati gris oscuro con maletín en mano. — Volkov, cuñada, que milagro que nos visitan, adelante, pasen. — Hemos venido sin avisar, no queremos importunar, pero Lenin dijo que quería hablar contigo de algunas cosas, me adelantaré a ver a Ángela y al bebé. Doménica entró cargando el pequeño bulto azul. Leo, se encontraba dormido, se estaba portando muy bien durante la salida. Los hombres quedaron solos, entonces Emmanuel, preguntó. — ¿Qué pasa Lenin? ¿Tienes problemas con mi cuñada? — No tengo ningún problema con Doménica, pero si hay unas cosas que quiero preguntarte, dime, ¿Cómo es el comportamiento de tu bebé? — Lenin Volkov, no entiendo para nada tu pregunta, mi bebé es perfectamente normal, a excepción de que no me deja dormir por las noches y cuando no estoy en casa suele llorar para c
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