El magnate de los negocios estaba por llevarse a su hija a casa cuando Charles, llegó a verla. El apuesto hombre de ojos miel y cabello rubio, estaba muy mal herido, un enfermero lo empujaba en una silla de ruedas. — Domenica, ¿Cómo estás? Vine a verte apenas pude, mira, me he roto un pie, lo tengo enyesado...— Más en ese momento Charles, se dió cuenta de la presencia del despiadado CEO Montana, los cabellos de la nuca se le erizaron, había estado evitando encontrarse con su cruel suegro, pero ahora lo tenía justo enfrente de él. — Señor Montana, buenas tardes, lo que pasó... — Lo que pasó no se va a volver a repetir, jóven Johnson, te vas a alejar de mi hija si es que quieres seguir teniendo algo que heredar. Porque te advierto, si insistes en seguir rondandola, voy a hacer que los Johnson se vayan a la quiebra. El hombre no jugaba con lo que decía, cumpliría sus palabras de ser necesario. Se sabía que la palabra de ese hombre era ley, y que nunca amenazaba en vano. — ¡Por
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