Si me gustan las mujeres.

El CEO pidió a su asistente que le consiguiera la información de Domenica Montana. Pudo constatar que ella era sobresaliente, con una educación de primer nivel, eso lo complacida bastante, sonrió un poco, su interés había despertado por fin, tomó su teléfono y le envió un mensaje a la chica.

— Soy tu futuro esposo, el CEO Lenin Volkov, te veo mañana a las dos del medio día en el restaurante Palace, no faltes, ni llegues tarde.

Domi, leyó el frío texto del hombre que parecía que le estaba dando órdenes, después arrojó el celular a la cama, todo se estaba volviendo real, su padre realmente había encontrado un esposo para ella. Pero... ¿Qué haría con lo que sentía por Charles?

La bella jóven salió de la cama para buscar a su padre y suplicarle de nuevo que no la casara con ese desconocido. Bajó las escaleras y se dirigió al despacho. Mientras caminaba pensaba en lo que podía decirle para convencerlo de no continuar con esa boda absurda.

Domi tocó la puerta hasta que escuchó la voz del CEO.

— Adelante.

Aunque ella era audaz y temeraria cuando estaba fuera de la villa, era diferente cuando se encontraba frente a su imponente padre, ella siempre se sentía un poco intimidada, no es que él la maltratara, era que el CEO era demasiado estricto.

— Papá, yo... Vengo a hablar contigo. — Domi caminó hasta quedar frente al entrajado hombre que exhudaba elegancia y sofisticación.

— Si vienes aquí para pedirme que desista sobre lo de tu matrimonio, estás perdiendo el tiempo, mañana lo verás, lo conocerás, y en quince días será la boda.

— ¡No es justo, papá, no puedes casarme con un hombre que no conozco! ¿Acaso no te importan mis sentimientos? Estoy enamorada de Charles, ¿Por qué no lo entiendes?

Las lágrimas vinieron a Domenica, ella de verdad no quería conocer a ese hombre que parecía ser más frío que un témpano de hielo. Quería poder seguir viviendo libremente, y continuar su relación con Charles.

— !Charles es un hombre que no sirve, no trabaja, no tiene metas, solo vive del dinero de los Johnson, no te eduqué para que te conformaras con tan poco! ¡Tienes una inteligencia única, por encima de toda tu clase que se creían unos genios, pero eres tú quien realmente lo es, solo que tienes pésimo gusto para elegir un buen novio, pero de eso me encargo yo, nunca permitiré que una de mis hijas fracase en la vida!

— ¡Pero ni siquiera sé quién es Lenín Volkov! ¿Qué pasa si no me gusta ni un poco? ¿Si es gordo y feo, si tiene malos hábitos, y si es un mujeriego?

— Conozco al padre, es de buen ver, además tu hermano Donovan ya lo ha investigado, y cumple con los requisitos para ser tu esposo, no discutas más, regresa a tu habitación a descansar.

— ¿Mi hermano está de acuerdo con este matrimonio? — Domenica se negaba a creer que su hermano mayor quien siempre la había consentido tanto, estuviera de acuerdo con la decisión de su padre.

— Lo está, sabe tan bien como yo que es lo mejor para ti, queremos evitarte un mal mayor. No soy un ogro, Domenica, recuerda bien este día, se que algún día me lo agradecerás.

Domenica comprendió que ya no había marcha atrás, su padre estaba decidido a casarla. Salió del despacho sintiendo los pies pesados, sus días de libertad y porque no decirlo, de demasiada libertad, habían llegado a su fin.

(...)

Al día siguiente, a las dos de la tarde en punto, Domi llegaba a la cita vestida en un hermoso vestido de diseñador color azul, llevaba guantes negros y botas negras para cubrirse del frío, era invierno y lo helado calaba hasta los huesos, pero gracias a su cálido abrigo, ella estaba tibia.

El jóven CEO Volkov, ya se encontraba en una mesa privada esperándola, su humor era negro, tener una cita a ciegas no le gustaba para nada, además no sabía todavía como era el aspecto de su prometida, su padre le había enviado unos datos referentes a la chica, así pudo saber que carrera había estudiado, y sobre su alto IQ, Pero nada más.

Pronto se escuchó el sonido de los tacones, hasta que se detuvieron frente a él.

— Buenas tardes, soy Domenica Montana, ¿Eres... Lenín Volkov?

El CEO que estaba leyendo sobre ella en su celular, levantó la mirada para encontrarse con unos hermosos ojos violeta, la mujer tenía facciones de muñeca, era realmente linda, como pocas chicas que hubiera conocido.

Por un momento en sus ojos brilló algo que pensó se había apagado por completo desde aquella ruptura que le hizo añicos el corazón, pero no se dió cuenta, se negaba a qué ninguna mujer se volviera a crecer de nuevo a él.

— Buenas tardes, si, soy el CEO Volkov, por favor toma asiento. — El hombre de puso de pie como era la costumbre de un caballero, así que dejó ver su elegante traje y como le quedaba perfecto a su estilizado y marcado cuerpo.

Domenica se había quedado de pie un poco más de lo que debía, y es que los orbes tan azules de su cita la habían atrapado sin darse cuenta. Realmente ese hombre era como un Adonis sobre la tierra, alguien que parecía haber sido esculpido por los mismos dioses.

— Yo... Si, tomaré asiento. — Domi, puso su bolso sobre el cómodo sillón, y colocó su celular sobre la mesa, estaba nerviosa, no sabía sobre que hablar con ese apuesto desconocido.

— Me tomé la libertad de pedir un buen vino, ¿Bebes?

— Si, este vino está bien, tienes buen gusto.

— Gracias. — La respuesta de Lenín, fué breve y fría, ese era su comportamiento habitual.

— Escucha, estoy aquí solo porque mi padre me castigó, Pero realmente no creo en los matrimonios contractuales, así que te agradecería si te niegas y acabamos con esto.

La mirada se le oscureció al CEO, a decir verdad no pensó que sería rechazado tan rápido, ¿Qué era lo que se estaba pensando esa mujercita, que podía jugar con él?

— No pienso echarme para atrás con él matrimonio, investigué un poco acerca de tí, resulta que tú coeficiente intelectual es alto, y es justo lo que necesito para mí descendencia.

— ¿Descendencia? Pero... ¡¿No te parece que vamos demasiado rápido?!

— Vamos a casarnos, lo normal es tener familia, pero no te preocupes, te vas a embarazar por inseminación, no voy a tocarte.

— ¡¿No me vas a tocar?! ¡¿Acaso eres... gay?! ¡Mi padre no me dijo que no te gustaban las mujeres! yo... ¡Lo siento pero no me voy a casar con un hombre al que le gustan los hombres!

— ¡Tsshh, soy un hombre heterosexual! ¿De dónde sacas que no me gustan las mujeres? Si no quiero tocarte es porque no me gustas, porque no siento nada por tí, y porque esto solamente será un matrimonio contractual, ¿Entendiste?

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