Los fríos ojos azules del CEO Lenin Volkov, observaban a sus gerentes generales de las empresas que manejaba en los Estados Unidos. No sé perdía ningún detalle, los estaba estudiando a todos detenidamente.
Mientras todos ellos estaban sentados llenando la amplia mesa de la sala juntas vestidos con sus mejores trajes, los murmullos se escuchaban muy quedamente, el heredero de los Volkov había venido a poner órden sobre ellos, y se decía que era un tirano.
— Si tienen algo que decir, dígamelo a la cara. — Se escuchó la fría y grave voz del jóven CEO. Era el heredero de una enorme fortuna, Incluso poseía un título nobiliario, una educación excelente, y una intuición extraordinaria para los negocios.
Le siguió un silenció que te dejaba escuchar los latidos del corazón. Nadie ahí se atrevió a hacerlo enfadar. Corrían el riesgo de que los despidiera y arruinara sus carreras.
Esa tarde fue de pesadilla para todos los gerentes, su imponente jefe los había ajustado y cambiado el plan con el que estaban trabajando a uno mucho más estricto, desde ese momento nada se hacía, nada de movía, sin su consentimiento.
(...)
— Señor, su amigo Degel Rodríguez, lo está esperando en su oficina.
— Vamos. — Respondió el hombre de aspecto tan atractivo como los dioses, pero con una amargura tan negra como la noche en su corazón.
Apenas al entrar, el apuesto CEO estadounidense de ojos azul claro, se acercó a dar un apretón de manos a su viejo amigo de universidad.
— De modo que te establecerás en América, por fin, ¿Eh? Creo que es una excelente decisión. Ya sabes lo que se dice sobre el sueño americano.
— Muchas empresas de los Volkov, están aquí, creo que pueden dar más ganancias que las que han dado en los últimos años. Y lo del sueño americano... No me interesa en lo absoluto, yo creo mis propias oportunidades, Degel.
— Mm... ¿Entonces no es por ella?
— No, no lo es, ella se ha casado con el hombre que realmente amaba, tiene una hija ahora, y es feliz. — Una tristeza pasó por un momento en los hermosos ojos azules del CEO Volkov, pero desapareció tan rápido como llegó para volver a tener la misma mirada fría de siempre que mantenía desde hacia un año.
— Lenin, soy tu amigo, conmigo no tienes que ocultar tu dolor y amargura porque ella te dejó por ese CEO ruso. Alejandra Ali, te rompió el corazón, pero ya debes dejarla ir, buscar otra chica, rehacer tu vida.
— No me interesa el amor romántico, Degel, ya lo he dejado claro, eso se acabó para mí, tú y mi padre me van a volver loco insistiendo en algo que no se va a dar, lo único que me importa es el trabajo. — Dijo el el hombre de forma tajante. — Lo único que necesito una mujer es un hijo genio para que herede mi imperio, y claro, voy a asegurarme de que ella esté bien pagada por eso.
Degel solamente dejó escapar el aire y rodó los ojos, su amigo se negaba a salir de la oscuridad en dónde lo había dejado su amor por esa bella mujer de ojos color esmeralda que lo rechazó para casarse con otro hombre, eso lo devastó, y el alegre y amable Lenin Volkov, cambió para siempre a un hombre sin emociones, frío, y como todos le decían, "El CEO tirano" Un apodo que se había ganado a pulso.
— Sin duda tiene que ser así, combinar tu inteligencia con otro IQ alto, sería genial, aunque si de paso encontraras el amor, eso sería mucho mejor.
(...)
En ese justo momento, la jóven Domenica Montana, chocaba su costoso auto, ella había estado pasando la tarde de fiesta con su novio Charles Johnson, el heredero de la familia Johnson, y dolor de cabeza de sus padres.
El aparatoso accidente había llevado a la policía y dos ambulancias al lugar para auxiliar a los herederos que habían quedado inconscientes y bastante heridos. Después de darles los primeros auxilios, se los habían llevado al hospital y avisado a sus respectivas familias del casi mortal accidente.
— ¿Señor Montana? Lo llamo desde el hospital, soy el doctor Carter.
— El habla, ¿Me busca del hospital? ¿Dígame para qué? — El tono de voz tan seco del magnate se escuchó del otro lado de la bocina.
— Es por su hija, ella... Se encuentra en el hospital... Esta mal herida.
— ¡No le llamen a mi padre, ya soy mayor de edad, exijo el derecho a la privacidad! — Se escuchaba la voz de Domenica del otro lado del celular.
El padre CEO la había escuchado perfectamente, solamente apretó el puño y el celular que sostenía. Había dejado muy libre a su hija menor, y estás eran las consecuencias.
— ¿En qué hospital está?
— En el San. Bartolomé, señor.
— Salgo para allá de inmediato, dígame, ella... ¿Está bien?
— Muy golpeada, pero con vida, señor.
El magnate de los negocios, con una fortuna y propiedades que sería difícil de terminar de contabilizar, llegaba al exclusivo hospital para ver a su hija menor. Detrás de él tres coches con sus guardaespaldas lo acompañaban. El magnate había tenido trillizos con su esposa Alina, antes de que quedara embarazada de Domenica, y amaba a su hija, lo juraba por dios o por el diablo, pero le pondría un alto si, o si, esta vez.
El padre llegó a la habitación de su hija, ella estaba ahí con una intravenosa puesta, en su bello rostro había raspones y una herida más grande en su frente, además de en su magullado cuerpo.
— Papá, viniste. — La jóven de apenas diecinueve años recién cumplidos, le hablaba a la importante figura frente a ella. Todo el mundo le temía a ese importante hombre, un demonio sin sentimientos para nadie que no fuera su familia.
Dorian Montana permanecía serio, su habitual rostro frío y sin expresión alguna no daba buen presagio. En ese momento su grave voz se escuchó.
— ¿Un choque?
— ¡Fue un accidente, papá, no ví el árbol en la curva, pero no fue mi culpa! — La jóven se estaba tratando de explicar. Más el elegante hombre ya estaba leyendo el expediente.
— El reporte dice que tienes alcohol en tu sistema, al igual que Charles Johnson, ese chico bueno para nada con el que insistes en salir aún en contra de mis deseos.
Las palabras llenas de seriedad del padre, hacían que la piel de Domenica se erizara. El CEO Montana la mayoría de las veces era bastante aterrador.
— Charles no tuvo la culpa de nada, papá... Fuí yo la que condujo sin precaución, no la tomes contra él...
— ¿Lo defiendes? — La penetrante mirada del CEO, cayó de lleno en su hija. — Bien, mi paciencia ha llegado a su límite, no consentiré una más de tus locuras, te daré tres días para que te recuperes, al cuarto día tendrás una cita con tu futuro esposo.
— ¡¿Esposo?! ¡Papá, lo prometiste, no me casarías por arreglo matrimonial con ningún hijo de cualquiera de tus socios! ¿Piensas faltar a tu palabra?
— Yo nunca falto a mi palabra, pero tomo esta decisión por tu bien, te presentaré a un candidato decente, y tú te casarás con él, de lo contrario no solamente te desheredaré, si no que acabaré con el negocio de los Johnson, los dejaré en la calle, ¿Si eso es lo que quieres? Atrévete a desobedecerme, jovencita.
— ¡Papá, por favor te lo ruego, no me obligues a casarme, me portaré mejor de hoy en más, no haré más locuras, le pediré a mi hermano mayor que me dé un puesto en la compañía, soy muy jóven para el matrimonio!
— Está decidido Domenica, no me voy a arriesgar a perderte, ni a qué le causes dolor a tu madre, el matrimonio será lo mejor para ti.