Mundo de ficçãoIniciar sessãoElliot Vance lo tiene todo: es el actor del momento, un multimillonario heredero y el donjuán que todas desean. Su vida es una fantasía de lujos y placer, hasta que su padre, un magnate al borde de la muerte, le impone una condición impensable: casarse y formar una familia para asegurar su legado. Atrapado entre la obligación y su libertad, Elliot encuentra una solución inesperada en su asistente, Maya Santos. Ella es la chica invisible, sencilla y sin pretensiones, a quien nadie nota. Los ojos de Elliot, acostumbrados al brillo superficial, se clavan en Maya con un solo objetivo: convertirla en su esposa falsa. ¿Aceptará Maya este matrimonio sin amor, que podría salvar la vida de su abuela? ¿Podrá un actor acostumbrado a fingir, ver la verdadera belleza de su "esposa" antes de que sea demasiado tarde?
Ler maisMaya se sentía fuera de lugar, pero la conversación con Leo Vega era tan fácil y genuina que la hizo olvidar sus preocupaciones.Leo, con cariño, escuchaba con una atención que la hizo sentir importante. No era como Elliot, que la miraba como un trofeo o como una carga. Leo la miraba como una persona.—Así que... ¿la jardinería es tu pasión? —preguntó Leo, su voz era un susurro. —No me parece un pasatiempo para una mujer tan ambiciosa.Maya se rió, una risa que hacía mucho tiempo que no sentía.—No es un pasatiempo. Es una forma de vida. Es la única forma en la que puedo crear algo hermoso.—El mundo de la arquitectura y la jardinería no están tan separados —dijo Leo, su voz era un hilo. —Ambos buscan crear algo bello y funcional.Maya se quedó sin palabras. Nadie, a excepción de su abuela, había entendido su pasión. Leo la miró con una sonrisa.—¿Y el padre del bebé? ¿Es un jardinero?Maya se congeló. La pregunta de Leo, aunque cordial, la devolvió a la realidad, a la farsa, al contr
La luz de la mañana se colaba por las ventanas de cristal del imponente rascacielos. Maya estaba sentada en un escritorio, con el corazón latiendo con fuerza.Era su primer día en la empresa de bienes raíces de Leo Vega, y por primera vez en mucho tiempo, sentía una emoción que no era miedo o incertidumbre.Se sentía... en control. El lugar era moderno, elegante y lleno de energía. Una oficina que contrastaba con la opulencia rancia de la mansión de Elliot.Leo, con su sonrisa amable, la recibió personalmente. La guió por el lugar, presentándola a los empleados, describiendo su papel en el equipo con una elocuencia que la hizo sentir valorada.—Necesitamos a alguien que tenga una visión fresca —dijo Leo, mientras se detenían en su oficina, que tenía vistas de 360 grados de la ciudad. —Alguien que vea la belleza no solo en los números, sino también en las personas. Y tú, Maya, tienes esa visión.Maya se ruborizó.—No sé qué decir. Gracias.—No tienes que decir nada —dijo Leo, su voz er
El vapor del café caliente empañaba el cristal de la ventana de la cafetería, creando un velo suave sobre el ruido de la calle. Maya sostenía la taza con ambas manos, sintiendo el calor reconfortante.Frente a ella, Leo Vega la miraba, su expresión era de una paciencia infinita. No preguntaba. Solo escuchaba. El silencio, con él, no era incómodo. Era un bálsamo para el alma.—Me... me disculpo —dijo Maya, su voz era apenas un susurro. —No sé por qué estoy llorando así. No es de mi estilo.Leo sonrió, una sonrisa amable.—No te disculpes. A veces, las lágrimas son lo único que nos queda para limpiar el dolor. No tienes que decir nada. Si quieres, solo toma tu café.Maya lo miró, sintió un nudo en la garganta. La amabilidad de ese extraño era un contraste tan fuerte con el sarcasmo hiriente de Elliot, que le rompía el corazón de nuevo.—Me peleé con mi... con mi jefe —dijo Maya, las palabras salieron a borbotones. —Fue una pelea terrible.—Los jefes pueden ser un dolor de cabeza —dijo L
El sol apenas se asomaba sobre las colinas de Los Ángeles, pero para Maya, la noche no había terminado. Se había quedado en la mansión, en el mismo balcón, sintiendo el vacío que Elliot había dejado.Las palabras de su abuela, la cruda realidad de su situación, habían hecho clic en su mente como la última pieza de un rompecabezas.No era la víctima, era la madre del hijo de Elliot Vance. Y esa mañana, con una osadía que la sorprendió, se levantó. No iba a huir. Iba a enfrentarlo.Con un vestido sencillo pero elegante, el mismo que había usado para su primera cita falsa, se dirigió a la productora. El tráfico de la mañana era un laberinto de autos de lujo y sueños rotos. La vida seguía, ajena al huracán que se desataba en su interior.Cuando entró en el vestíbulo de la productora, se sintió una extraña. Las caras sonrientes, la atmósfera de éxito y el glamour que la rodeaban eran un anuncio de un mundo que no era el suyo.Se detuvo en seco. Frente a una pared de cristal que daba a la s
Último capítulo