LA ESPOSA EQUIVOCADA DEL CEO: Juego de identidades.

LA ESPOSA EQUIVOCADA DEL CEO: Juego de identidades.ES

Romance
Última actualización: 2026-02-04
Jeda Clavo  Recién actualizado
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909 Reseñas
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Resumen
Índice

Dos novelas en una: 1. La esposa equivocada del CEO: Una noche bastó para cambiarlo todo. Tras un accidente, Lyanna Harrison despierta en un hospital rodeada de desconocidos que la llaman “señora Valerián”, esposa del poderoso y temido Ares Valerián. Ella intenta negarlo, pero nadie la escucha, y un niño que no conoce la abraza como si fuera su madre. Ares, convencido de que su esposa finge amnesia para manipularlo, la lleva de regreso a la mansión. Pero la mujer que volvió no es la misma que lo traicionó. No tiene el mismo brillo en los ojos, ni la misma forma de odiarlo. Y eso lo enloquece. 2. Jaque al rival: Silas Hawk no cree en las coincidencias. Para él, que la mujer que lo humilló públicamente por un taxi aparezca días después trabajando en la mansión de su rival, solo significa una cosa: Espionaje. Convencido de que Eris O'Neil es una trampa mortal enviada para destruirlo, Silas decide adelantarse a la jugada. Su plan es simple: acorralarla, seducirla y obligarla a confesar su traición. Pero Eris no es la espía sofisticada que él imagina. Es un desastre encantador con la mecha corta y una honestidad brutal que desarma cualquier estrategia. Mientras Silas juega al ajedrez corporativo buscando secretos que no existen, Eris juega a volverlo loco. Él quiere desenmascararla. Ella solo quiere que el millonario paranoico la deje en paz o que la bese de una vez para que se calle. En una guerra de egos, el primero que se enamora, pierde. Entre mentiras, heridas y deseo, Lyanna queda atrapada en una vida que no le pertenece… y en los brazos del hombre que podría destruirla si descubre la verdad. Porque ella no es su esposa, pero él empieza a amarla como si lo fuera.

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Capítulo 1

Capítulo 1. La esposa que no recuerda nada.

Lyanna Harrison apretó el cuello raído de su chaqueta. La lluvia fina empapaba su ropa y se le metía hasta los huesos. Para ella el mundo era frío, húmedo y gris.

Llevaba tres días sin comer nada decente. Su maleta, vieja y desgastada, pesaba como una losa. 

Se le había vencido la renta, y el casero no quiso darle oportunidad de pagar después, sobre todo al enterarse de que había quedado desempleada hace unos días.  Así que terminó echándola sin compasión.

Un claxon estridente la sacó de sus pensamientos. Giró la cabeza.

Las luces de un coche negro la cegaron. Un golpe seco. El sonido de un cristal rompiéndose. Luego, nada.

Sensaciones confusas la atravesaron. Voces lejanas. El olor a desinfectante. Una luz blanca y dolorosa.

—Señora Valerián —dijo una voz nítida—. ¿Puede oírme?

Lyanna parpadeó. Una enfermera de sonrisa profesional le tomaba el pulso.

—Hay… un error —logró decir. Su garganta estaba áspera.

—El golpe fue leve, pero la conmoción es seria —continuó la enfermera, ignorándola—. Su esposo está en camino.

—¿Esposo? Yo no tengo esposo  —Lyanna intentó sentarse. Un dolor punzante en la cabeza se lo impidió.

No tuvo tiempo de protestar más. La puerta de la suite hospitalaria se abrió de par en par.

Y el aire se heló.

El hombre que entró no parecía un esposo preocupado. Parecía un verdugo.

Alto, con un traje oscuro que gritaba dinero y poder, avanzó con una calma aterradora. Su mirada, de un gris glacial, escaneó la habitación y se clavó en ella como un dardo.

Lyanna se sintió desnuda. Expuesta.

—Así que este es tu nuevo juego —dijo él. Su voz era baja, plana, y cortaba como cuchillo—. Fingir amnesia. Es original, lo admito.

—No… no sé quién es usted —susurró Lyanna, con un hilo de voz.

Él soltó una risa breve y seca. Un sonido sin alegría.

—Claro que no. Después de desaparecer tres meses sin dar explicaciones, ahora no recuerdas nada. ¡Qué oportuno!

Se acercó a la cama. Lyanna instintivamente retrocedió contra las almohadas. Él despedía un aroma a madera cara y algo peligroso.

—Escúchame bien, Lena —susurró, inclinándose hasta que su aliento rozó su mejilla—. No me importa qué tramas. Pero Harry te ha llorado cada noche. Si piensas usarlo como moneda de cambio, te arrepentirás.

—Harry —repitió Lyanna. El nombre le sonó extraño en la boca, pero despertó algo en su pecho. Una punzada de protección.

—Mi hijo —aclaró él, con un deje de amargura—. El niño al que abandonaste por… ¿Qué fue esta vez? ¿Dinero? ¿Libertad? ¿Un hombre nuevo?

Lyanna negó con la cabeza, abrumada. Todo era demasiado. El lujo, la acusación, el odio en sus ojos.

—No soy Lena —insistió, con más fuerza—. Me llamo Lyanna… —Pero antes de que pudiera terminar, él la calló, mirándola con desprecio puro.

—Lyanna —repitió, saboreando el nombre con sarcasmo—. Bonito toque. Suena casi creíble. Pero tus documentos dicen Lena Valerián. Y yo me casé con documentos, no con cuentos de hadas.

Se irguió, mirándola desde la altura.

—Te dan el alta mañana. Un coche te recogerá. Vendrás a casa, te comportarás como una madre decente frente a Harry y asistirás a la cena benéfica conmigo el viernes. No es una petición.

—No puedo ir con usted —protestó ella, sintiendo cómo el pánico crecía en su garganta—. ¡No la conozco!

Él ya estaba en la puerta. Se volvió por última vez.

—Mañana. A las ocho. No me obligues a enviar a alguien a… persuadirte. No te gustarán mis métodos.

La puerta se cerró con un golpe sordo.

Lyanna se quedó temblando. Miró sus manos vacías. No tenía cartera. No tenía identificación. No tenía un solo peso.

La enfermera entró con un vaso de agua y una pastilla.

—Tómeselo. Le ayudará a descansar.

—Él se equivoca —dijo Lyanna, desesperada—. ¡No soy su esposa!

La enfermera le ofreció una sonrisa compasiva.

—Lo sé, cariño. Es muy duro. La amnesia debe ser aterradora. Pero no se preocupe, con el tiempo todo volverá.

Lyanna cerró los ojos. La frustración era un nudo en el estómago. Nadie la escuchaba. Nadie la creía.

Al día siguiente, un chofer impecable la esperaba. La llevó en silencio hasta un coche tan negro y brillante que parecía un ataúd con ruedas.

El viaje fue un borrón de calles elegantes que se transformaban en avenidas arboladas, hasta llegar a una verja de hierro imponente que se abrió sola.

La casa no era una casa. Era una fortaleza de mármol y cristal. Un monumento a la riqueza y la frialdad.

El chofer abrió su puerta.

—Bienvenida a casa, señora Valerián.

Cada paso que daba sobre el mármol pulido resonaba como un latigazo en el silencio. Una empleada joven le tomó la maleta con una reverencia nerviosa.

—El señor Valerián la espera en el estudio, señora.

—¿Dónde queda? —preguntó.

La mujer rodó los ojos, pero la guio. El estudio olía a cuero viejo y whisky caro. Ares estaba de espaldas, mirando por la ventana.

—Pensé que huirías —dijo sin volverse.

—Lo intenté —mintió Lyanna, con la voz más firme que pudo—. El chofer era muy grande.

Él se dio la vuelta. Una ceja ligeramente arqueada.

—Un atisbo de humor. Interesante evolución.

Cruzó la habitación hasta quedar peligrosamente cerca. Su mirada recorrió su rostro, buscando grietas.

—Aquí tienes las reglas —dijo su voz, un susurro de hielo—. No hables con la prensa. No cuestiones mis órdenes. Y no le hagas daño a mi hijo. Si tocas un pelo de Harry, lo que viene hará que tu "accidente" parezca un paseo por el parque.

—No le haría daño a un niño —replicó ella, con genuina ofensa.

—No confío en ti —él sonrió, un gesto frío y torcido—.  Pero tu hijo sí te quiere, a pesar de no ser buena madre. Por eso estás aquí.

De repente, un ruido. Pequeños pasos corriendo por el pasillo.

La puerta del estudio se abrió de golpe.

Un niño de unos cinco años, con el pelo oscuro despeinado y unos ojos grandes y brillantes, se quedó paralizado en el umbral. Miró a Lyanna. Su pequeña boca se abrió ligeramente.

—¿Mamá?

El corazón de Lyanna se detuvo.

El niño, Harry, no esperó una respuesta. Corrió hacia ella y se aferró a sus piernas con una fuerza sorprendente.

—¡Sabía que volverías! Papá dijo que no, pero yo sabía que volverías por mí.

Lyanna miró por encima de la cabeza del niño hacia Ares. Su rostro era una máscara de piedra, pero sus nudillos, apoyados en la mesa, estaban blancos.

Ella bajó la vista. Harry la miraba con una fe tan absoluta, tan vulnerable, que le partió el alma en dos.

No lo pensó.

Se arrodilló, envolviéndolo en un abrazo. El niño olía a champú para niños y a galletas. Era el olor más honesto que había olido en su vida.

—Sí, cariño —susurró, y su voz sonó ronca—. Ya estoy aquí.

Por encima del hombro del niño, sus ojos se encontraron con los de Ares. No era una súplica. Era un desafío.

Esto es por él, dijo su mirada. No por ti.

Ares sostuvo su mirada por un instante eterno. Algo indescifrable cruzó sus ojos grises. No era suavidad. Era… confusión. Una grieta en su armadura de hielo.

Luego, asintió, una vez, bruscamente.

—Harry, tu madre está cansada —dijo, su voz menos cortante que antes—. Deja que descanse.

El niño se aferró a la mano de Lyanna.

—¿Vendrás a leerme un cuento más tarde? —preguntó, con los ojos llenos de esperanza.

Lyanna sintió una sonrisa genuina, la primera en mucho tiempo, tocando sus labios.

—Claro que sí.

Ares observó cómo su hijo arrastraba a esa mujer, que decía ser extraña, pero que tenía el rostro de su esposa, fuera del estudio. La puerta se cerró.

Quedó solo en el silencio cargado de la habitación. Durante esos meses la ausencia de su esposa lo había atormentado.  Y de pronto aparecía tan distinta. ¿Podía ser posible que la falta de memoria le provocaba eso? Todo era un misterio.

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906 Reseñas · 906 bookdes.reviews
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Lisbeth Janeth
Llegó su papá sabe que su hijo será feliz
2026-02-04 02:38:30
0
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Lisbeth Janeth
Que se vaya a la conchinchina los 400 invitados Jaa
2026-02-03 02:02:47
0
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Lisbeth Janeth
méjor así solos con amigos
2026-02-03 02:02:22
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Lisbeth Janeth
Es bueno ser auténtica pero hay veces que debes complacer a tu pareja ló Justo es eso
2026-02-02 08:15:52
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Lisbeth Janeth
Creo que sólo Silas está poniendo de su parte eris debe tebwr un balance
2026-02-02 08:14:57
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Veronica Gamarra de Ramirez
Que emoción por fin se deshicieron del Dragón de Regina . Ahora a ser felices Chicos
2026-02-02 00:08:45
1
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Mari Alvia
tas jodido Silas te toca ponerte los pantalones y aguantar callado
2026-02-01 22:40:03
0
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Lisbeth Janeth
Solo espero que la bruja se quede en la cueva
2026-02-01 22:38:16
0
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Lisbeth Janeth
Hay ahora si son felices y harry los pone a bailar jaaaaa
2026-02-01 22:37:48
0
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Veronica Gamarra de Ramirez
Que linda Eris como le salvó el pellejo a esa vieja de Regina, otra la hubiera quemado viva después de todo lo que le hizo
2026-02-01 20:40:51
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Lisbeth Janeth
Mw fascina ver a áres y Silas en modo letal
2026-02-01 12:38:11
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Lisbeth Janeth
Claro señor padre de Silas y usted pedazo de hombre pora diablos no le puso un alto a su Mujer
2026-02-01 12:27:11
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Lisbeth Janeth
Solo espero que esa vieja se quede quieta
2026-02-01 12:26:27
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Lisbeth Janeth
La ladrona y mala leche es ella
2026-02-01 12:19:22
0
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Lisbeth Janeth
Difícilmente saa bruja se quede quieta
2026-02-01 12:03:28
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264 chapters
Capítulo 1. La esposa que no recuerda nada.
Capítulo 2. El peso de un nombre. 
Capítulo 3. La llamada a la realidad.
Capítulo 4. La amante.
Capítulo 5. No estoy jugando.
Capítulo 6. Escapada.
Capítulo 7. Una cita que termina en desastre.
Capítulo 8. El comienzo del caos.
Capítulo 9. Provocación.
Capítulo 10. La línea cruzada.
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