Capítulo 46. El socio de mi padre.
El vapor del café caliente empañaba el cristal de la ventana de la cafetería, creando un velo suave sobre el ruido de la calle. Maya sostenía la taza con ambas manos, sintiendo el calor reconfortante.
Frente a ella, Leo Vega la miraba, su expresión era de una paciencia infinita. No preguntaba. Solo escuchaba. El silencio, con él, no era incómodo. Era un bálsamo para el alma.
—Me... me disculpo —dijo Maya, su voz era apenas un susurro. —No sé por qué estoy llorando así. No es de mi estilo.
Leo s