Capítulo 9. La Transformación y el Anuncio.
El suave y sedoso edredón le resultaba ajeno bajo la mano de Maya. Despertó sobresaltada, con el corazón martilleando y desorientada. No era el techo agrietado de su pequeño apartamento de Burbank.
Era un techo impecable, adornado con una sutil moldura. La habitación, amplia y luminosa, tenía un balcón con vistas parciales a la ciudad y pertenecía a una suite de hotel que costaba el salario de un mes entero.
La realidad la golpeó como un rayo: había firmado y aceptado el pacto.
Un toque en la p